" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

martes, 10 de mayo de 2016

"Luto" /un cuento para recordar


Algunas reseñas de Manual para mujeres de la limpieza,empujan con urgencia a su lectura. Mientras se lee parte de las 43 narraciones cortas que componen el volumen se recuerda lo que John Cheever escribía  sobre  sí mismo: "No trabajo con tramas, trabajo con la intuición, la percepción, los sueños, los conceptos", y  como  lector me parece que así trabajaba también Lucia Berlin. 

-Las imágenes son del gran pintor estadounidense, afroamericano,   Jacob Lawrence (Atlantic City 1917- Seattle 2000)


LUTO


   Me encantan las casas, todas las cosas que me cuentan, así que esa es una razón de que no me importe trabajar como mujer de la limpieza. Se parece mucho a leer un libro.
   He estado trabajando para Arlene, de la inmobiliaria Central. Limpiando casa vacías, sobre todo, pero incluso las casas vacías tienen historias, pistas. Una carta de amor en el fondo de un armario, botellas de whisky vacías escondidas detrás de la secadora, listas de la compra..."Por favor trae detergente Tide, un paquete de linguine verdes y un pack de seis Coors. No pensaba en serio lo que dije anoche."
   Últimamente he limpiado casas en las que alguien acababa de morir. Limpiar y acabar de clasificar las cosas para que la gente se las lleve o las done a la caridad. Arlene siempre pregunta si tiene ropa o libros para el Hogar de los Padres Judíos, que es donde está Sadie, su madre. Han sido trabajos deprimentes. O los familiares lo quieren todo y se pelean por las cosas más insignificantes  (unos tirantes viejos y raídos, o un tazón), o ninguno quiere saber nada de lo que hay en la casa, así que solo he de meterlo todo en cajas. En ambos casos lo triste es qué poco se tarda. Piensa en ello. si murieras...podría deshacerme de todas tus pertenencias en dos horas como máximo.
   La semana pasada limpié la casa de un cartero negro  muy mayor. Arlene lo conocía, había estado postrado en cama con diabetes hasta que murió de un ataque al corazón. Había sido un viejo mezquino, severo, me dijo, uno de los patriarcas de la iglesia. Era viudo; su mujer había muerto diez años antes. Su hija era amiga de Arlene, una activista política, en el comité educativo de Los Ángeles.
   -Ha hecho mucho por la educación y el derecho a la vivienda en la comunidad negra. Es una tipa dura -dijo Arlene, así que debía de serlo, porque eso es lo que dice siempre la gente de Arlene. El hijo es cliente de Arlene, y otra historia. Abogado del distrito en Seattle, es dueño de propiedades inmobiliarias en todo Oakland-. No diré que sea el amo de los suburbios, pero...
   El hijo y la hija no llegaron hasta última hora de la mañana, pero yo ya sabia mucho de ellos, por lo que Arlene me había contado, y por otras pistas.. Cuando entré reinaba ese silencio que retumba en las casas donde no hay nadie, donde alguien acaba de morir. La vivienda estaba en un barrio decadente en Oakland Oeste. Parecía una pequeña granja, limpia y bonita, con un balcón en el porche, un jardín cuidado con rosales leñosos y azaleas. La mayoría de las casas alrededor tenían las ventanas condenadas con tablones, grafitis pintados. Viejos borrachines me observaban desde los escalones combados de un porche; camellos jóvenes vendían crack en las esquinas o sentados en los coches.
   Dentro, también, la casa parecía un mundo aparte del barrio, con cortinas de visillo, muebles lustrosos de roble. el anciano había pasado mucho tiempo en una gran galería acristalada de la parte trasera de la casa, en una cama de hospital y una silla de ruedas. En las repisas de las ventanas se apiñaban helechos y violetas africanas, y cuatro o cinco comederos justo al otro lado del vidrio, para los pájaros. Un televisor enorme, un vídeo, un reproductor de CD; regalos de sus hijos, supuse. En la chimenea había un retrato de bodas: el hombre de esmoquin, con el pelo peinado hacia atrás y un bigotillo de lápiz; la esposa era joven y preciosa. Ambos posaban solemnes. Una fotografía de ella, vieja con el pelo blanco, pero con una sonrisa, ojos sonrientes. Solemnes también los hijos en las fotos de graduación, guapos los dos, seguros, arrogantes. La foto de bodas del hijo. Una bella novia rubia de satén blanco. Luego los dos en otra foto con una chiquilla, de un año más o menos. Una foto de la hija con el congresista Ron Dellums. En la mesilla de noche había una tarjeta que empezaba: "Perdona, tuve demasiado lío para ir a Oakland en Navidad...",que podría haber sido de cualquiera de los dos. La Biblia del anciano estaba abierta por el Salmo 104. "Él mira la tierra, y ella tiembla; toca los montes y humean."
 
   Antes de que llegaran limpié los dormitorios y el cuarto de baño de arriba. No había gran cosa, pero lo que encontré en los armarios y el mueble de la ropa blanca lo amontoné ne distintas pilas sobre una de las camas. Estaba limpiando las escaleras, apagué el aspirador cuando entraron. Él fue cordial, me estrechó la mano; ella se limitó a inclinar la cabeza y subió las escaleras.Debían de venir directamente del funeral. Él llevaba un traje negro de tres piezas con una fina raya dorada; ella iba con un conjunto de cachemira gris y una chaqueta de ante del mismo color. Ambos eran altos, guapísimos. Ella se había recogido el pelo en un moño tirante. No sonrió en ningún momento. Él no dejó de sonreír.
   Los seguí a las habitaciones. Él cogió un espejo ovalado con un marco de madera tallada. No quisieron nada más. Les pregunté si podían donar algo al Hogar de los Padres Judíos. Ella me escrutó con sus ojos negros.
   -¿Te parecemos judíos?
   Él se apresuró a explicarme que la gente de la iglesia Baptista Rosa de Sarón pasaría más tarde a recoger todo lo que dejaran. Y del servicio de material clínico a por la cama y la silla de ruedas. Mejor me pagaban ya, dijo sacando cuatro billetes de veinte de un grueso fajo que sujetaba con una pinza plateada. Me pidió que cunado terminará cerrara la casa y le dejara la llave a Arlene.
   Me puse a limpiar la cocina mientras ellos estaban en la galería. El hijo cogió el retrato de bodas de sus padres, y sus fotos. Ella quería la foto de su madre. Él también la quería, pero dijo: No, quédatela. Se quedó con la Biblia; ella con la foto donde salía con Ron Dellums. entre las dos lo ayudamos a cargar el televisor, el vídeo y el reproductor de CD al maletero de su Mercedes.
   -Dios, es horrible ver como está el barrio ahora- dijo él.
   Ella no dijo nada. Creo que ni siquiera había echado un vistazo. Al volver dentro, se sentó en la galería y miró alrededor.
   -No puedo imaginar a papá mirando los pájaros, o cuidando las plantas -dijo.
   -Es raro, ¿no? Aunque creo que nunca he llegado a conocerlo de verdad.
   -Él era el que nos ponía firmes.
   -Recuerdo cuando te dio una azotaina por sacar un aprobado en matemáticas.
   -No -dijo ella-, saqué un bien. Un bien alto. A él nada le parecía suficiente.
  -Ya lo sé. Aún así...desearía haber venido a verle más  menudo. Me horroriza pensar cuándo estuve aquí por última vez...Sí, lo llamaba mucho, pero...
   Ella lo interrumpió, diciéndole que no se culpara, y luego coincidieron en que había sido imposible que su padre viviera con cualquiera de los dos, con lo absorbidos que ambos estaban por el trabajo. Procuraban darse la razón, pero se notaba que les pesaba.
    Y yo soy una bocazas. Ojalá me hubiera callado.
   -Esta galería es tan agradable...-dije de pronto-. Parece que vuestro padre era feliz aquí.
   -¿Verdad que sí?-dijo el hijo sonriéndome, pero la hija me lanzó una mirada penetrante.
   -No es asunto tuyo si era feliz o no.
   -Lo siento -dije. Siento no poder soltarte un bofetón bruja malvada.
   -No me iría mal un trago -intervino el hijo.-Aunque seguramente en casa no haya nada.
   -Le mostré el armario donde había brandy y un poco de licor de menta y jerez. Les sugerí que pasaran a la cocina para revisar los armarios y enseñarles las cosas antes de meterlas en cajas. Se trasladaron a la mesa de la cocina. Él sirvió dos grandes copas de brandy, una para cada uno. Bebieron y fumaron Kools mientras yo vaciaba los armarios. Ninguno de los dos quiso nada, así que acabé rápido.
   -También hay algunas cosas en la alacena...-Lo sabía porque les había echado el ojo. Una plancha antigua con el mango de madera tallada y el armazón de hierro forjado.
   -¡Esa la quiero yo!- dijeron a la vez
   -¿Vuestra madre la usaba para planchar?-le pregunté al hijo.
   -No la hacía para hacer sánwiches tostados de jamón y queso. Y con la carne en conserva para prensarla.
   -Siempre me había preguntado cuál era el truco...-dije, yéndome otra vez de la lengua, pero me callé al ver que la hermana me echaba otra mirada de las suyas.
   Un viejo rodillo de amasar, suave por el uso, sedoso.
   -¡Lo quiero!-exclamaron los dos. 
Entonces ella sí se rió. El alcohol, el calor de la cocina le habían aflojado un poco el peinado, varios mechones se le ensortijaban alrededor de la cara, ahora brillante. Se le había ido el pintalabios; parecía la chica de la foto de graduación.Él se quitó la chaqueta y la corbata, se remangó la camisa. Ella me sorprendió admirando su magnífica complexión y me lanzó aquella mirada asesina. 



   Justo entonces llegaron los empleados de Western Medical Supply a recoger la cama y la silla de ruedas. Los acompañé a la galería, abrí la puerta de atrás. Cuando volví, el hermano había servido otro brandy en cada copa. Estaba inclinado hacia su hermana.
   -Haz las paces con nosotros -le decía-. Ven a pasar un fin de semana, así podrás conocer mejor a Debbie. Y a Latania ni siquiera la conoces. Es preciosa, idéntica a ti. Por favor.
   Ella guardó silencio, pero pude ver que la muerte empezaba a ablandarla. La muerte cura, nos dice que perdonemos, nos recuerda que no queremos morir solos.
   Asintió.
   -Iré- dijo.
   -¡Ah, eso es estupendo! -dijo él.Puso una mano en la de su hermana, pero ella retrocedió, apartó la mano y asió la mesa como una garra rígida.
   Qué fría eres malvada, dije. No en voz alta. en voz alta dije:
   -Apuesto a que aquí hay algo que los dos vais a querer...
   Una plancha de acero antigua para hacer gofres, muy pesada. Mi abuela Mamie tenía una. No hay nada como esos gofres. Crujientes y dorados por fuera y tiernos por dentro. Puse la plancha entre los dos.
   Ella sonrió.
   -¡Eh, esa es para mí!
   Él se echó a reír.
   -Vas a tener que pagar una fortuna por exceso de equipaje.
   -No me importa. ¿Te acuerdas de que mamá nos preparaba gofres cuando estábamos enfermos? ¿Con auténtico sirope de arce?
   -El día de San Valentín los hacía con forma de corazón.
   -Solo que nunca parecían corazones.
   - No, pero le decíamos: "Mamá, ¡te han salido corazones perfectos!"
   -Con fresas y nata montada.
   Entonces saqué otras cosas, fuentes de horno y cajas de frascos para conservas que no eran interesantes. La última caja, en el estante más alto, la dejé encima de la mesa.
   Delantales. De los antiguos, con peto.Cosidos a mano, bordados con pájaros y flores. Paños de cocina, también bordados. Todos hechos con la tela de los sacos de harina o retales de ropa vieja. Suaves y descoloridos, con olor a vainilla y clavo.
   -¡Este lo hizo con el vestido que llevé el primer día de colegio en cuarto de primaria!
   La hermana empezó a desplegar los delantales y los paños uno por uno, tendiéndolos sobre la mesa. Oh. Oh, repetía. Le caían lágrimas por las mejillas. Recogió todos los delantales y los paños y los estrechó contra su pecho.
   -¡Mamá! -gritó-. ¡Ay , mamá querida!
   El hermano también estaba llorando, y fue hacia ella. La abrazó, y ella dejó que la abrazara, que la meciera. Salí de la cocina y por la puerta de atrás.
   Estaba todavía sentada en las escaleras cuando un camión aparcó delante y se bajaron tres hombres de la iglesia baptista. Los acompañé hasta la puerta de la entrada y a la planta de arriba, y les dije que podían llevárselo todo. Ayudé a uno con las cosas de arriba, y luego lo ayudé a cargar lo que había en el garaje, herramientas y rastrillos, una segadora para cortar el césped y una carretilla.
   Bueno, pues ya está -dijo uno de los hombres.
   El camión reculó para dar la  vuelta y saludaron con la mano al irse. Volví adentro. La casa estaba en silencio. Los dos hermanos se habían ido.entonces barrí y me marché, cerrando con llave las puertas de la casa vacía.




Lucia Berlin, Manual para mujeres de la limpieza, Alfaguara, 2016

miércoles, 24 de febrero de 2016

Joseph BRODSKY: el poder sutil de la poesía sobre la prosa




Los ensayos de Joseph Brodsky, -como sus poemas-, sorprenden cada vez y contagian   interés por la poesía y los poetas.Son  páginas de análisis certeros,y brillantes y -en su mayor parte-, asequibles para un lector interesado.Y aun cuando alguna vez  se le siga con dificultad porque descienda a las aguas más profundas, (como en Un poeta y la prosa,  La canción del péndulo, Versal, en que se interna en la escritura -verso y prosa- de   Marina Tsvietáieva) , en ningún momento se percibe nada  que no sea esencial, necesario y valioso. 
Brodsky  que sostenía  que el mejor modo de educar el gusto literario es leer poesía, en el recuerdo que dedica a la viuda de Osip Mandelstam -"Nadeyda Mandelstan (1899-1980).Una necrológica"-,  señala  y relaciona  cómo la aparición "repentina" de la gran prosa rusa del siglo diecinueve estuvo  precedida en Rusia por un periodo especialmente radiante de la poesía. 
Y mientras recuerda la inseguridad permanente y la extrema pobreza en que vivió esta viuda de "enemigo del pueblo", muestra cómo tener que memorizar -e interiorizar-  los poemas de su esposo y de su amiga Ajmatova para que sobrevivieran al peligroso y gélido silencio de  la censura oficial, la acabó convirtiendo en la escritora tardía de Contra toda esperanza. Como si  la poesía que "precede siempre a la prosa", transformada en una parte de sí misma, le hubiera marcado una senda literaria ineludible .

                            
Joseph Brodsky (1940-1996)




Nadeyda Mandelstan (1899-1980).Una necrológica


"...Pero no fue únicamente esa devoción por la justicia lo que la empujó a sentarse, a los sesenta y cinco años, y a emplear el tiempo de suspensión temporal de sentencia para escribir aquellos libros.Lo que les dio existencia fue una recapitulación, a escala individual, del mismo proceso que ya había tenido lugar una vez en la historia de la literatura rusa.Y cuando digo esto recuerdo la aparición de la gran prosa rusa de la segunda mitad del siglo diecinueve. Aquella prosa que parece salida de ninguna parte, como un efecto sin causas detectables, no fue sino fruto de la poesía rusa del siglo diecinueve. Marcó el tono de todo lo que se escribiría después en ruso y lo mejor de la literatura rusa puede considerarse un eco distante y una elaboración meticulosa de la sutileza psicológica y léxica ofrecida por la poesía rusa del primer cuarto de aquel siglo. "La mayoría de los personajes de Dostoievski son héroes de Pushkin más viejos, Oneguins y otros por el estilo", solía decir Anna Ajmatova. 

Osip Mandelstam (1891-1938)
Nadezhda Mandelstam (1899-1980)
                                     

La poesía precede siempre a la prosa y así fue también en la vida de Nadeyda Mandelstam en más de un aspecto. Como escritora, al mismo tiempo que como persona,ella es una creación de dos poetas  a los que su vida estuvo inexorablemente atada: Osip Mandelstam y Anna Ajmatova, y ello no tan solo por el hecho de que el primero era su marido y la segunda su amiga de toda la vida. Después de todo, cuarenta años de viudedad podrían oscurecer los recuerdos más felices ( y en el caso de su matrimonio fueron pocos y distanciados, aunque solo fuera por el hecho de que el matrimonio coincidió con la ruina económica del país, causada por la revolución, la guerra civil y los primeros planes quinquenales). Por otra parte, hubo años enteros en que no vio para nada a Ajmatova y una carta habría sido lo último en lo que poder confiar. El papel era, en general, peligroso. Lo que reforzó el vínculo de aquel matrimonio así como de aquella amistad, fue la tecnicidad (sic):la necesidad de confiar a la memoria lo que no se podía confiar al papel, es decir, los poemas de ambos autores.

Nadeyda Mandelstam no era ciertamente la única que lo hacía en aquella "época anterior a Gutenberg", para decirlo con palabras de Ajmatova. No obstante, el hecho de repetir noche y día las palabras de su esposo difunto no solo estaba indudablemente relacionado con la circunstancia de entenderlas cada vez más, sino con la de resucitar la voz de él, aquellas entonaciones que solo eran peculiares en él, junto con la sensación, por efímera que fuese, de su presencia y con la comprobación de que él mantenía su participación en aquel acuerdo de "para lo mejor y lo peor" y, de ma nera especial, de su segundo término. Lo  mismo ocurrió con los poemas de la amiga físicamente ausente, Ajmatova, puesto que una vez en marcha, aquel mecanismo de la memorización ya no conoció freno. E igual sucedió con otros autores, otras ideas, otros principios éticos...,todo cuanto no podía sobrevivir de otra manera.

Aquellas cosas fueron creciendo gradualmente dentro de ella. Si hay un sustituto del  amor se llama memoria. Recordar de memoria es , pues, restablecer la intimidad. Gradualmente, los versos de aquellos poetas se convirtieron en su mentalidad, en su identidad. No solo le aportaron el plano visual o ángulo de visión sino que -lo cual es más importante- se convirtieron en su norma lingüística. Así que, cuando se puso a escribir sus libros, estaba en condiciones de evaluar las oraciones que escribía -en aquel tiempo de una manera inconsciente, instintiva- por comparación con las de ellos.La claridad y ausencia de remordimiento, al mismo tiempo que reflejan su actitud mental, son también consecuencias estilísticas inevitables de la poesía que había conformado aquella mente. Tanto en su estilo como en su contenido, sus libros no son sino una postdata de la versión suprema del lenguaje que es esencialmente la poesía y que pasó a convertirse en su propia carne al aprender de memoria los versos de su marido." 


Joseph BrodskyMenos que uno, Versal, 1987.

jueves, 21 de enero de 2016

Poetas de Chile, antología particular en construcción



"A diferencia de la vida , una obra de arte no se da nunca por acabada,  sino que está sometida a una constante confrontación con aquellas que la precedieron. En poesía los fantasmas de los grandes autores son especialmente visibles porque las palabras son menos mutables que los conceptos que representan.   
Por lo tanto, una parte importante del entorno de cada poeta implica polémica con estas sombras cuyo cálido o gélido aliento siente él en la nuca o la crítica literaria se encarga de que lo sienta".
         Joseph Brodsky,La canción del péndulo,(A la sombra de                Dante), Versal,1988




Gabriela Mistral (Vicuña, Chile, 1889-1957)










doña primavera


Doña Primavera 
viste que es primor, 
viste en limonero 
y en naranjo en flor. 

Lleva por sandalias 
unas anchas hojas, 
y por caravanas 
unas fucsias rojas. 

Salid a encontrarla 
por esos caminos. 
¡Va loca de soles 
y loca de trinos! 

Doña Primavera 
de aliento fecundo, 
se ríe de todas 
las penas del mundo... 

No cree al que le hable 
de las vidas ruines. 
¿Cómo va a toparlas 
entre los jazmines? 

¿Cómo va a encontralas 
junto de las fuentes 
de espejos dorados 
y cantos ardientes? 

De la tierra enferma 
en las pardas grietas, 
enciende rosales 
de rojas piruetas. 

Pone sus encajes, 
prende sus verduras, 
en la piedra triste 
de las sepulturas... 

Doña Primavera 
de manos gloriosas, 
haz que por la vida 
derramemos rosas: 

Rosas de alegría, 
rosas de perdón, 
rosas de cariño, 
y de exultación.








La lluvia lenta



Esta agua medrosa y triste, 
como un niño que padece, 
antes de tocar la tierra 
desfallece. 

Quieto el árbol, quieto el viento, 
¡y en el silencio estupendo, 
este fino llanto amargo 
cayendo! 

El cielo es como un inmenso 
corazón que se abre, amargo. 
No llueve: es un sangrar lento 
y largo. 

Dentro del hogar, los hombres 
no sienten esta amargura, 
este envío de agua triste 
de la altura. 

Este largo y fatigante 
descender de aguas vencidas, 
hacia la Tierra yacente 
y transida. 

Llueve... y como un chacal trágico 
la noche acecha en la sierra. 
¿Qué va a surgir, en la sombra, 
de la Tierra? 

¿Dormiréis, mientras afuera 
cae, sufriendo, esta agua inerte, 
esta agua letal, hermana 
de la Muerte?





DESOLACIÓN




La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde 
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera. 
La tierra a la que vine no tiene primavera: 
tiene su noche larga que cual madre me esconde. 

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos 
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito. 
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito, 
miro morir intensos ocasos dolorosos. 

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido 
si más lejos que ella sólo fueron los muertos? 
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto 
crecer entre sus brazos y los brazos queridos! 

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto 
vienen de tierras donde no están los que no son míos; 
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos 
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos. 

Y la interrogación que sube a mi garganta 
al mirarlos pasar, me desciende, vencida: 
hablan extrañas lenguas y no la conmovida 
lengua que en tierras de oro mi pobre madre canta. 

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa; 
miro crecer la niebla como el agonizante, 
y por no enloquecer no encuentro los instantes, 
porque la noche larga ahora tan solo empieza. 

Miro el llano extasiado y recojo su duelo, 
que viene para ver los paisajes mortales. 
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales: 
¡siempre será su albura bajando de los cielos! 

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada 
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa; 
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa, 
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.






Vicente Huidobro (Santiago, 1893-1948)


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Arte poética

Que el  verso sea como una llave

Que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos creado sea,
Y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;

El adjetivo cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios.

El músculo cuelga,
Como recuerdo; en los museos;
Mas no por eso tenemos menos fuerza:
El vigor verdadero reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!

Hacedla florecer en el poema;
Sólo para nosotros
Viven todas las cosas bajo el Sol.

El poeta es un pequeño Dios./ El espejo de agua, 1916


Égloga

Sol muriente

Hay una panne en el motor

Y un olor primaveral
Deja en el aire al pasar 
                        En algún sitio
                                      una canción /Poemas árticos,1918 
         


Canto V

Aquí comienza el campo inexplorado
Redondo a causa de los ojos que lo miran
Y profundo a causa de mi propio corazón
Lleno de zafiros probables
De manos de sonámbulos
De entierros aéreos
Conmovedores como el sueño de los enanos
O el ramo cortado en el infinito
Que trae la gaviota para sus hijos

Hay un espacio despoblado
Que es preciso poblar
De miradas con semillas abiertas
De voces bajadas de la eternidad
De juegos nocturnos y aerolitos de violín
De ruido de rebaños sin permiso
Escapados del cometa que iba a chocar
¿Conoces tú la fuente milagrosa
Que devuelve a la vida los náufragos de antaño?
¿Conoces tú la flor que se llama voz de monja
Que crece hacia abajo y se abre al fondo de la tierra?
¿Has visto al niño que cantaba
Sentado en una lágrima
El niño que cantaba al lado de un suspiro
O de un ladrido de perro inconsolable?
¿Has visto el arco iris sin colores
Terriblemente envejecido
que vuelve del tiempo de los faraones?/Altazor,1931
.......................................

Pablo Neruda (Parral,1904-Santiago de Chile,1973)

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América

Estoy, estoy rodeado
por madreselva y páramo, por chacal y centella,
por el encadenado perfume de las lilas:
estoy, estoy rodeado
por días, meses, aguas que solo yo conozco
por uñas, peces, meses que solo yo establezco,
estoy, estoy rodeado
por la delgada espuma combatiente
del litoral poblado de campanas.
La camisa escarlata del volcán y del indio,
el camino, que el pie desnudo levantó entre las hojas
y las espinas entre las raíces,
llega a mis pies de noche para que lo camine.
La oscura sangre como en un otoño
derramada en el suelo,
el temible estandarte de la muerte en la selva,
los pasos invasores deshaciéndose, el grito
de los guerreros, el crepúsculo de las lanzas dormidas,
el sobresaltado sueño de los soldados, los grandes
ríos en que la paz del caimán chapotea,
tus recientes ciudades de alcaldes imprevistos,
el coro de los pájaros de costumbre indomable,
en el pútrido día de la selva, el fulgor
tutelar de la luciérnaga,
...............................
América , no de noche
ni de luz están hechas las sílabas que canto.
De tierra en la materia apoderada
del fulgor y del pan de mi victoria,
y no es sueño mi sueño, sino tierra.
Duermo rodeado de espaciosa arcilla
y por mis manos corre cuando vivo
un manantial de caudalosas tierras.
Y no es vino el que bebo sino tierra,
tierra escondida, tierra de mi boca,
tierra de agricultura con rocío,
vendaval de legumbres luminosas,
estirpe cereal, bodega de oro./ Canto general,1950 


ODA A CÉSAR VALLEJO  


A la piedra en tu rostro,
Vallejo,
a las arrugas
de las áridas sierras
yo recuerdo en mi canto,
tu frente
gigantesca
sobre tu cuerpo frágil,
el crepúsculo negro
en tus ojos
recién desencerrados,
días aquéllos,
bruscos,
desiguales,
cada hora tenía
ácidos diferentes
o ternuras
remotas,
las llaves
de la vida
temblaban
en la luz polvorienta
de la calle,
tú volvías
de un viaje
lento, bajo la tierra,
y en la altura
de las cicatrizadas cordilleras
yo golpeaba las puertas,
que se abrieran
los muros,
que se desenrollaran
los caminos,
recién llegado de Valparaíso
me embarcaba en Marsella,
la tierra
se cortaba
como un limón fragante
en frescos hemisferios amarillos,
te quedabas

allí, sujeto
a nada,
con tu vida
y tu muerte,
con tu arena
cayendo,
midiéndote
y vaciándote,
en el aire,
en el humo,
en las callejas rotas
del invierno.

Era en París, vivías
en los descalabrados
hoteles de los pobres.
España
se desangraba.
Acudíamos.
Y luego
te quedaste
otra vez en el humo
y así cuando
ya no fuiste, de pronto,
no fue la tierra
de las cicatrices,
no fue
la piedra andina
la que tuvo tus huesos,
sino el humo,
la escarcha
de París en invierno.

Dos veces desterrado,
hermano mío,
de la tierra y el aire,
de la vida y la muerte,
desterrado
del Perú, de tus ríos,
ausente
de tu arcilla.
No me faltaste en vida,
sino en muerte.
Te busco
gota a gota,
polvo a polvo,
en tu tierra,
amarillo
es tu rostro,
escarpado
es tu rostro,
estás lleno
de viejas pedrerías,
de vasijas
quebradas,
subo
las antiguas
escalinatas,
tal vez
estés perdido,
enredado
entre los hilos de oro,
cubierto
de turquesas,
silencioso,
o tal vez
en tu pueblo,
en tu raza,
grano
de maíz extendido,
semilla
de bandera.
Tal vez, tal vez ahora
transmigres
y regreses,
vienes
al fin
de viaje,
de manera
que un día
te verás en el centro
de tu patria,
insurrecto,
viviente,
cristal de tu cristal, fuego en tu fuego,
rayo de piedra púrpura. 


Oda al día feliz

Esta vez dejadme 
ser feliz,
nada ha pasado a nadie,
no estoy en parte alguna,
sucede solamente
que soy feliz
por los cuatro costados
del corazón, andando,
durmiendo o escribiendo.
Qué voy a hacerle, soy
feliz.
Soy más innumerable
que el pasto
en las praderas,
siento la piel, como un árbol rugoso
y el agua abajo,
los pájaros arriba,
el mar como un anillo
en mi cintura,
hecha de pan y piedra la tierra
el aire canta como una guitarra,
............................./ Odas elementales, 1953

Animal de luz

Soy en este sin fin sin soledad
un animal de luz acorralado
por sus errores y por su follaje:
ancha es la selva: aquí mis semejantes
pululan, retroceden o trafican,
mientras yo me retiro acompañado
por la escolta que el tiempo determina:
olas del mar, estrellas de la noche.
................................/Jardín de invierno,marzo1973



Nicanor Parra (5 septiembre 1914)


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Advertencia

Yo no permito que nadie me diga
Que no comprende los antipoemas
Todos deben reír a carcajadas.

Para eso me rompo la cabeza
Para llegar al alma del lector.

Déjense de preguntas.
en el lecho de muerte
Cada uno se rasca con sus uñas.

Además una cosa:
Yo no tengo ningún inconveniente
En meterme en camisas de once varas.


Viva Stalin

estos hijos de puta
no me dieron tiempo ni para ponerme el abrigo
sin decir agua va
me sacaron a punta de empellones
uno me dio un culatazo en el tórax
otro degenerado me escupió
pero yo no perdí la paciencia

me llevaron a una calle desmantelada
cerca de la estación de ferrocarril
en un furgón de los radiopatrullas
y ,me dijeron ahora puedes largarte

yo sabía perfectamente lo que eso quería decir

¡asesinos!
debiera haberles gritado
pero morí gritando Viva Stalin


Gente + preparada que nosotros

Ha dicho que Rulfo viene del Norte
Discrepo
Rulfo viene del Sur
Rulfo viene directamente del vientre materno
Rulfo viene del fondo de sí mismo
De Jalisco
          de Mérida
                   de Guadalajara
Lo siento mucho Mister No Sé Cuánto
Rulfo no viene:va
Rulfo viene de vuelta de todos los archipiélagos






Oscar Hahn (Iquique, 1938)

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San Juan de la Cruz escucha a Miles Davis


I. SAN JUAN EN EL CALABOZO (Toledo, 1577)

La trompeta flamea serpentea relampaguea
Su quejido metálico

se hunde y difunde exclama y reclama
un no sé qué que queda balbuciendo

Es el Arcángel San Gabriel dice el Santo
Es el Arcángel que me llama desde el futuro

Es el Arcángel cuya piel es más negra que la noche
y brilla como las heridas de mi alma

Es el sonido de la trompeta como un cauterio suave



II MILES DAVIS EN EL CALABOZO (New York, 1959)

Los tornados me dan el viento que necesito
para tocar mi trompeta

Oh toque delicado que a vida eterna sabe

Y vi que por la ventana del calabozo
entraba un halo de luz y que en el aire
flotaba una aparición fulgurante

(Son alucinaciones de la droga Dios mío)

Para ahuyentar al espectro tomé mi trompeta y toqué

Y mientras tocaba el rostro de la Aparición
tenía una expresión como de éxtasis y dijo:

"La música callada la soledad sonora"

Sentí que me crecían alas en la espalda
y empecé a levitar

entonces apareció un graffiti en lo alto de la pared
que decía:

Qué bien sé yo la fuente que mana y corre
aunque es de noche

Y la sangre que manaba de mi cabeza
por los golpes que me dio el policía
iluminó la celda y dejó de correr

alrededor de la medianoche







ESTAR SIN TI

Estar sin ti es como estar sin música
sin Mozart sin Vivaldi
y sin el clavecín bien temperado

Estar sin ti es como si de pronto
un gran silencio despojara al mundo

del canto de las olas y del trino
del ruiseñor o la alondra de Verona

Estar sin ti es como estar sin música
ni de la tierra ni de las esferas.





JOHN LENNON (1940-1980)

La vida comienza a los cuarenta
dijo John Lennon encendiendo las velas
en el comedor del edificio Dakota

La otra vida comienza ahora mismo
dijo la muerte apretando el gatillo
en la puerta del edificio Dakota

Porque después de esta muerte no hay otra
dijo la voz apagando las velas
y al que le venga el luto que se lo ponga.



Raúl Zurita (Santiago,1950)

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XXXVIII

Sobre los riscos de la ladera: el sol
entonces abajo en el valle
la tierra cubierta de flores
Zurita enamorado amigo
recoge el sol de la fotosíintesis
Zurita ya no será nunca más amigo
desde la 7 P.M. ha empezado a anochecer

La noche es el manicomio de las plantas/ Purgatorio, Visor 




XCII

El vidrio es transparente como el agua
Pavor de los prismas y los vidrios
Yo doy vuelta la luz para no perderme en ellos/ Purgatorio, Visor


El ascenso del Pacífico

Se encumbró entonces el océano
y nuestras pupilas miraban el portento
sin todavía creerlo
Escuchamos de nuevo las rompientes, las
infinidades de islas
subiendo igual que estrellas sobre el cielo
Allí está el Pacífico hombre, allí, encima,
de nuestras cabezas
y no lo crees y tus ojos lloran
y no puedes entenderlo y tus ojos lloran
todos los que amamos son el mar

Todo lo que amamos es el mar
América es un mar con otro nombre




El verdor de la madrugada


Irredentos Chile entero lloraba los amarillos pastos que se iban perdiendo
en plena noche sin luz con todas estas llanuras clamando los nuevos
pastos de la madrugada

i. Y qué si redimidos nosotros fuésemos los pastos de la madrugada

ii. Y qué si nos viésemos a nosotros mismos amaneciendo sobre
el valle

iii. Y qué si de luz. la madrugada reviviera los muertos valles de Chile

Porque alborados de luz podrían hacerse los pastos sobre Chile y los
muertos amanecerían entonces riendo por estas llanuras de madrugada
iluminados cantándose la renacida

iv. Todos podrán saber así porque ríe la madrugada

v. Y qué si Chile entero amaneciese resucitado con sus muertos

vi. Todos podrían saber entonces si amaneció el nuevo día sobre
Chile

Porque amanecidos nosotros llegaríamos a ser el despertar que ríe sobre
Chile y los pastos la resucitada final de estos muertos al alba relumbrosos
de luz detrás de los Andes despuntando ellos como un verdor la madrugada.





COMO UN SUEÑO

Claro: éste es el desierto
de Atacama buena cosa no
valía ni tres chauchas llegar
allí y no has visto el
Desierto de Atacama -oye:
lo viste allá cierto? bueno
si no lo has visto anda de
una vez y no me jodas

LAPSUS Y ENGAÑOS SE LLAMAN MI PROPIA MENTE
EL DESIERTO DE CHILE.








Roberto Bolaño Santiago de Chile, 1953-Barcelona,2003)



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LOS DETECTIVES HELADOS





Soñé con detectives helados latinoamericanos

que intentaban mantener los ojos abiertos

en medio del sueño.

Soñé con crímenes horribles

y con tipos cuidadosos

que procuraban no pisar los charcos de sangre

y al mismo tiempo abarcar con una sola mirada

el escenario del crimen.

Soñé con detectives perdidos

en el espejo convexo de los Arnolfini:

nuestra época, nuestras perspectivas,

nuestros modelos del Espanto.



LOS DETECTIVES PERDIDOS

Los detectives perdidos en la ciudad oscura.
Oí sus gemidos.
Oí sus pasos en el Teatro de la Juventud.
Una voz que avanza como una flecha.
Sombra de cafés y parques
Frecuentados en la adolescencia.
Los detectives que observan
Sus manos  abiertas,
El destino manchado con la propia sangre.
Y tú no puedes no siquiera recordar
En dónde estuvo la herida,
Los rostros que una vez amaste,
La mujer que te salvó la vida.




RESURRECCIÓN



La poesía entra en el sueño

como un buzo en un lago.

La poesía, más valiente que nadie,

entra y cae

a plomo

en un lago infinito como Loch Ness

o turbio e infausto como el lago Balatón.

Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.


Soñé con detectives helados en el gran
refrigerador de los Ángeles

en el gran refrigerador de México D.F.


ERNESTO CARDENAL Y YO


Iba caminando, sudando y con el pelo pegado
en la cara
cuando vi a Ernesto Cardenal que venía
en dirección contraria
y a modo de saludo le dije:
Padre, en el Reino de los Cielos
que es el comunismo
¿tienen un sitio los homosexuales?
Sí, dijo él.
¿Y los masturbadores impenitentes?
¿Los esclavos del sexo?
¿Los bromistas del sexo?
¿Los sadomasoquistas, las putas, los fanáticos
de los enemas,
los que ya no pueden más, los que de verdad
ya no pueden más?
Y Cardenal dijo sí.
Y yo levanté la vista
y las nubes parecían
sonrisas de gatos levemente rosadas
y los árboles que pespunteaban la colina
(la colina que hemos de subir)
agitaban las ramas.
Los árboles salvajes, como diciendo
algún día, más temprano que tarde, has de venir
a mis brazos gomosos, a mis brazos sarmentosos,
a mis brazos fríos. Una frialdad vegetal
que te erizará los pelos.



6.-Y alguien dijo:

Hermana de nuestra memoria feroz,
sobre el valor es mejor no hablar.
Quien pudo vencer el miedo
se hizo valiente para siempre.
Bailemos, pues, mientras pasa la noche
como una gigantesca caja de zapatos
por encima del acantilado y la terraza,
en un pliegue de la realidad, de lo posible,
en donde la amabilidad no es una excepción.
Bailemos en el reflejo incierto
de los detectives latinoamericanos,
un charco de lluvia donde se reflejan nuestros rostros
cada diez años.

Después llegó el sueño.



24. Soñé que Philip K.Dick paseaba por la Estación Nuclear de Civitavecchia.


26.Soñé que tenía quince años y que iba a la casa de Nicanor Parra a despedirme. Lo encontraba de pie apoyado en una pared negra. ¿Adónde vas Bolaño?, decía. Lejos del Hemisferio Sur, le contestaba.

27. Soñé que tanía quince años y que, en efecto, me marchaba del Hemisferio Sur. Al meter en la mochila el único libro que tenía (Trilce, de Vallejo), éste se quemaba.Eran las siete de la tarde y yo arrojaba mi mochila chamuscada por la ventana.

57. Soñé que Georges Perec tenía tres años y lloraba desconsoladamente. Yo intentaba calmarlo. Lo tomaba en brazos, le compraba golosinas, libros para pintar. Luego nos íbamos al Paseo Marítimo de Nueva York y mientras él jugaba en el tobogán yo me decía a mí mismo: no sirvo para nada, pero serviré para cuidarte, nadie te hará daño, nadie intentará matarte.Después se ponía a llover y volvíamos tranquilamente a casa. ¿Pero dónde estaba  nuestra casa?

                                            BLANES, 1994

roberto bolaño,Tres, Acantilado,2000
Roberto Bolaño,Los perros románticos, Acantilado,2006


Leonardo Sanhueza (Temuco, 1974)


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Cultura general
Un hualle solo en un potrero
me dice la verdad:
las paredes ya no tienen oídos,
sino bocas y fauces, futuras precauciones
para los días del desove. 

¿De qué sirvió saberlo todo?
El chico promisorio que fui alguna vez
envejeció muy mal — el viento se lo lleva
a un hospital de nubes,
donde al fin no sabrá nada de nada:

ni por qué sangran las guindas
en estos árboles a cuerda,
ni cómo explicarles un fémur
a las hormigas o a los perros.

La Strada
Hay cosas peores que el miedo
a la combustión espontánea o a la catalepsia,
pero nuestras balanzas ya perdieron
todas sus certidumbres
y ya no saben sino yacer entre las baratijas
a la espera del reciclaje.

El amor se acabó.
Los payasos se peinan las pelucas
usando los leones como espejo,
donde el enorme zapato y la nariz de pelota
bailan con los antílopes y las preciosas
gacelas de Thompson que vuelan otoñales
entre las hojas de los gingkos.

Y sin embargo, ya lo sabes:
«Hasta tú, hasta tú sirves para algo,
con tu cabeza de alcachofa».

Pero lo que pasa en el circo, en el círculo
que cierra el mar, se queda allí,
respirando el olor de la viruta y el acero,
pestilencia de la vida y del amor
que nos maldicen:
flores hirsutas para las coronas
más baratas del cementerio
que rompen sus cadenas con la fuerza
de su pecho lleno de abejas.