" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

martes, 27 de junio de 2017

Elizabeth BISHOP "The Map" y "The Imaginary Iceberg"

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Elizabeth BISHOP, Massachusetts 1911- 1979. Dice de ella Jaime Siles"su obra más que impersonal al modo de Rimbaud o de Eliot, es sobre todo, autónoma: existe sólo en sí y es fruto de un riguroso autocontrol y de un preciso análisis (...) experimentar con el metro, el ritmo y la rima, introducir variaciones en las estrofas conocidas (...)Lo que Elizabeth Bishop siempre busca es no una nueva historia sino una nueva geografía del poema que sirva de marco a la realidad"




THE MAP/ EL MAPA



LAND lies in water; is shadowed green.
Shadows, or are they shallows, at its edges
showing the line of long sea-weeded ledges
where weeds hang to the simple blue from green.
Or does the land lean down to lift the sea from under,
drawing it unperturbed around itself?
Along the fine tan sandy shelf
is the land tugging at the sea from under?


La tierra yace en el agua; es un verde sombreado.

Sombras ¿o son bajíos? que muestran
el contorno de extendidos arrecifes llenos de algas marinas
por las orillas
donde la maleza cuelga desde el verde hasta el simple azul.
¿O acaso la tierra se inclina para levantar el mar por debajo,
atrayéndolo, imperturbado, a su alrededor?
¿Está la tierra halando el mar por debajo
a lo largo del primoroso y curtido banco de arena?

The shadow of Newfoundland lies flat and still.
Labrador's yellow, where the moony Eskimo
has oiled it. We can stroke these lovely bays,
under a glass as if they were expected to blossom,
or as if to provide a clean cage for invisible fish.


La sombra de Terranova yace plana y amortiguada.

La de Labrador es amarilla, donde el soñador esquimal
la ha aceitado. Podemos acariciar estas agradables bahías,
cubiertas por un cristal como si esperásemos que florecieran,
o cual si proveyéramos un limpio recipiente para peces
invisibles.

The names of seashore towns run out to sea,
The names of cities cross the neighboring mountains
-the printer here experiencing the same excitement
as when emotion too far exceeds its cause.
These peninsulas take the water between
thumb and finger
like women feeling for the smoothness of yard-goods.


Los nombres de los pueblos costeros se precipitan al mar,

los nombres de las ciudades cruzan las montañas adyacentes
-el impresor experimenta en esto la misma agitación
que cuando la emoción excede por mucho su causa-.
Estas penínsulas cogen el agua entre el dedo pulgar y el
índice
como mujeres que palpan la suavidad de las telas.

Mapped waters are more quiet than the land is,
lending the land their waves' own conformation:
and Norway's hare runs south in agitation,
profiles investigate the sea, where land is.
Are they assigned, or can the countries pick their colors?
-What suits the character or the native waters best.
Topography displays no favorites; North's as near as West.
More delicate than the historians' are the map-makers'
colors.


Las aguas de los mapas son más tranquilas que la tierra,

otorgándole a ésta la configuración de sus olas:
y la liebre de Noruega corre hacia el sur, agitada
los contornos escudriñan el mar, que es donde la tierra yace.
¿Se les imponen o pueden los países escoger sus colores?
-Lo que mejor se ajuste al carácter o a las aguas nacionales-.
La topografía no tiene preferencias; tan accesible el norte
como el oeste.
Más delicados que los de los historiadores son los colores
de los cartógrafos.

BISHOP,E.: Antología poética. Visor de Poesía.




                                        Gerhard Richter, Eisberg, óleo/lz, 1982


The Imaginary Iceberg/ El iceberg imaginario


We'd rather have the iceberg than the ship,

although it meant the end of travel.
Although it stood stock-still like cloudy rock
and all the sea were moving marble.
We'd rather hace the iceberg than the ship;
we'd rather own this breathing plain of snow
though the ship's sails were laid upon the sea
as the snow lies undissolved upon the water.
o solemn, floating field,
are you awere an iceberg takes repose
with you, and whrn it wakes may pasture your snows?

Preferimos el iceberg al barco,
aunque ello significara el fin del viaje.
Aunque permaneciera  inmóvil como una roca nubosa
y todo el mar fuera mármol en movimiento.
Preferimos el iceberg al barco;
preferimos esta palpitante llanura de nieve,
a pesar de que las velas estuviesen desplegadas sobre el mar
y la nieve resistiera íntegra sobre el agua.
Oh, solemne campo flotante,
¿eres consciente de que un iceberg reposa
junto a ti, y que al despertar tal vez pace en tus nieves?

This is a scene a sailor'd give his eyes for.
The ship's ignored. The iceberg rises
and sinks again; its glassy pinnacles
correct elliptics in the sky.
This is a scene where he who treads the boards
is artlessly rhetorical. The curtain
is light enough to rise on finest ropes
that airy twists of snow provide.
The wits of these white peaks
spar with the sun. Its weight the iceberg dares
upon a shifting stage and stands and stares.

Ésta es una escena por la que un marinero daría sus ojos.
El barco es ignorado. El iceberg asciende
y de nuevo se hunde; sus vítreas cumbres
corrigen elipses en el cielo.
Ésta es una escena donde quien pisa las tablas
se vuelve torpemente retórico. Es tan ligero
el telón que podrías subirlo con las más finas cuerdas,
espirales de viento que la nieve ofrece.
La lucidez de estas blancas cumbres
compite con el sol. Su peso el iceberg desafía
sobre un escenario cambiante y resiste y observa.

This iceberg cuts its facets from within.
Like jewelry from a grave
it saves itself perpetually and adorns
only itself, perhaps the snows
which so surprise us lying on the sea.
Good-by, we say, good-by, the ship steers off
where waves give in to one another's waves
and clouds run in a warmer sky.
Icebergs behoove the soul
(both being self-made from elements least visible)
to see them so: fleshed, fair, erected indivisible.

Este iceberg labra sus facetas desde dentro.
Como joyas de una tumba
se salva a sí mismo, siempre, y sólo a sí mismo
se embellece, y tal vez a las nieves
que tanto nos sorprenden flotando sobre el mar.
Adiós, decimos, adiós, el barco navega
hacia donde las olas sucumben ante otras olas
y las nubes avanzan hacia un cielo más cálido.
Los icebergs incitan al alma
(ambos autocreados de elementos menos visibles)
a contemplarlos así: corpóreos,bellos,erigidos en unidad.

Elizabeth BishopPoesía, Vaso Roto.




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miércoles, 1 de febrero de 2017

Hemingway: La parte sumergida




        Una de las primeras veces que Hemingway habla del papel  que tiene en sus narraciones la parte sumergida es en la  entrevista que George Plimpton, le hizo para The Paris Review en 1958:  
"...Si le es útil saberlo, siempre intento escribir con el principio del iceberg. Por cada parte visible, el iceberg tiene otras siete que oculta. Se puede eliminar cualquier cosa conocida y, aún así, se refuerza el iceberg. Lo importante es la parte oculta. Si el escritor omite algo que no conoce, se producen agujeros en su narración." 


En "París era una fiesta" -que a pesar de su brevedad no se acaba nunca, porque en cada relectura sorprende algo sobre lo que se siente  no haberse  detenido lo necesario-, vuelve a la escritura-iceberg varias veces. También es de interés especial -sobre su concentrada relación con la escritura-, la similitud  que establece entre su estilo narrativo y la pintura de Cézanne -que conocía y sabía apreciar-, cuando señala la importancia de encontrar "sencillas frases verídicas", como el pintor de Aix buscaba ,tercamente; "la pequeña sensación verdadera" que le permitiera rehacer pincelada a pincelada la pintura desde el principio:
"...Iba casi cada día por los Cézanne, y por ver los cuadros de Manet y Monet y los demás impresionistas con los que tuve un primer contacto en el Art Institute de Chicago . Iba yo aprendiendo algo en la pintura de Cézanne, y resultaba que escribir sencillas frases verídicas distaba buen trecho de lograr que un cuento encerrara todas las dimensiones que yo quería meterle. Iba aprendiendo mucho de aquel hombre, pero entonces no sabía expresarme bastante como para decírselo a nadie.Además era un secreto." p21  
"Era un cuento muy sencillo titulado Out of Season, en el cual omití el verdadero final, que era que el protagonista se ahorcaba. Lo omití basándome en mi recién estrenada teoría de que uno puede omitir cualquier parte de un relato a condición de saber muy bien lo que uno omite, y de que la parte omitida comunica más fuerza al relato, y le da al lector la sensación de que hay más de lo que se ha dicho". 
"Bueno, pensé, así me salen los cuentos ahora, que nadie los entiende. Si algo hay seguro, es esto. El hecho cierto es que no hay ninguna demanda por mis cuentos. Pero un día llegarán a entenderlos, como pasa siempre con la pintura. Sólo hace falta tiempo, y sólo hace falta confianza."p.76    
      
                              
                                           


                    OUT OF SEASON/ FUERA DE TEMPORADA


Con las cuatro liras que había ganado cavando el jardín del hotel, Peduzzi cogió una buena borrachera. Vio al señorito que bajaba por el sendero, y le habló en un tono misterioso. El señorito le dijo que no había comido, pero que estaría preparado para salir en cuanto hubiera acabado el almuerzo. Cuarenta minutos o una hora.
   En la cantina que había cerca del puente le fiaron tres grapas más porque se mostró muy confiado al referirse al trabajo que tenía para la tarde. Era un día de viento;el sol salía de detrás de las nubes y luego caía un chaparrón y lo ocultaba. Un día maravilloso parta pescar truchas.
   El señorito salió del hotel y le preguntó por las cañas. ¿Y si su esposa iba detrás con las cañas? "Sí,-dijo Peduzzi-,que nos siga".El señorito volvió al hotel y habló con su mujer. Él y Peduzzi se fueron carretera abajo. el señorito llevaba una mochila sobre los hombros. Peduzzi vio a la mujer que parecía tan joven como su marido y llevaba botas de montaña y una boina azul, echar a andar tras ellos carretera abajo, llevando las cañas de pescar sin ensamblar, una en cada mano.-Signorina -la llamó, guiñándole el ojo al señorito-,acérquese y camine con nosotros. Signora, venga aquí.Caminemos todos juntos.-Peduzzi quería que los tres bajaran juntos la calle de Cortina.   La mujer se quedó rezagada , siguiéndolos bastante huraña.-Signorina -la llamó cariñosamente Peduzzi-, venga aquí con nosotros.-El señorito se volvió y gritó algo. La mujer dejó de ir rezagada y los alcanzó.
   Peduzzi saludaba profusamente a todo aquel que encontraba en la calle principal del pueblo. Buon dì, Arturo!Levantaba el sombrero. El empleado del banco se lo quedó mirando desde la puerta del café fascista.Grupos de tres o cuatro personas, delante de las tiendas, , se quedaban mirando al trío. Los albañiles, que trabajaban en los cimientos del nuevo hotel con sus chaquetas llenas de polvo, levantaron la vista a su paso. Nadie les dirigió la palabra ni les hizo ademán alguno a excepción del mendigo del pueblo, viejo y enjuto, con la barba incrustada de  saliva, que levantó el sombrero cuando pasaron.   Peduzzi se detuvo delante de una tienda cuyo escaparate estaba lleno de botellas y sacó su botella vacía de grapa del interior de su vieja chaqueta militar.- Algo para beber, un poco de marsala para la signora, algo, algo para beber.-Hizo gestos con la botella. Era un día maravilloso-.Marsala, ¿le gusta el marsala, signorina? ¿Un poco de marsala?La mujer seguía malumorada.   -Tendrás que arreglártelas tú solo -dijo- No entiendo una palabra de lo que dice. Está borracho, ¿verdad?   El señorito parecía no oír a Peduzzi. Pensaba:¿por qué demonios menciona el marsala? Eso es lo que bebe Max Beerbohm.   -Geld-dijo por fin Peduzzi, agarrando al señorito de la manga-.Lire.-Sonrió, reacio a insistir en el tema, pero con la necesidad de hacer actuar al señorito.   El señorito sacó la cartera y le entregó un billete de diez liras. Peduzzi subió los peldaños que conducían a la puerta de la tienda Especialidad en Vinos Nacionales y Extranjeros. Estaba cerrada.   -Está cerrado hasta las dos -dijo con desdén alguien  que pasaba por la calle. Peduzzi bajó los peldaños. Estaba ofendido.   -Tanto da -dijo-, podemos conseguirlo en la Concordia.   Se dirigieron hasta la Concordia de tres en fondo.En el porche de la Concordia, donde se apilaban los trineos oxidados, el señorito dijo:   -Was wollen Sie?   Peduzzi le entregó el billete de diez liras doblado y redobla.     -Nada -dijo-, lo que sea. -Estaba avergonzado-. Marsala, quizá. No lo sé. ¿Marsala?   La puerta de la Concordia se cerró detrás del señorito y su esposa.   -Tres marsalas -le dijo el señorito a la chica que había detrás del mostrador.   -Querrá decir dos -dijo ella.   -No -dijo-, una para un vecchio.   -Oh -dijo-, un vecchio.Rió y bajó la botella. Sirvió tres bebidas de aspecto turbio en tres vasos. La mujer estaba sentada a la mesa, bajo la línea de periódicos que colgaban en la pared. El señorito colocó uno de los marsala delante de ella.   - Más vale que te lo bebas -dijo-,puede que te haga sentir mejor.   Ella estaba sentada, mirando el vaso. El señorito salió del local con un vaso para Peduzzi, pero no lo vio.   -No sé dónde está -dijo, volviendo a la pastelería con el vaso.   -Quería un cuarto -dijo la mujer.   -¿Cuánto vale un cuarto de litro? -le preguntó a la chica el señorito.   -¿Del bianco? Una lira.   -No, del marsala. Vierta también estos dos -dijo, entregándole su vaso y el que había servido para Peduzzi. La muchacha llenó la medida de cuarto de litro de vino con un embudo-. Una botella para llevarlo -dijo el señorito.   La muchacha se fue  a buscar una botella. Todo aquello la divertía.   -Lamento que te sientas y tan mal, Tiny -dijo el señorito-.Lamento haberte hablado como lo hice en la comida.Los dos llegasmos a la misma conclusión desde ángulos diferentes.   -Me da igual -dijo ella-. Ahora ya todo me da igual.   -¿Tienes frío? -preguntó él-.Ojalá te hubieras traído otro suéter.   -Llevo puestos tres suéteres.   La chica de la pastelería regresó con una botella marrón muy delgada y vertió el marsala en su interior. El señorito le pagó cinco liras más. Salieron por la puerta. Todo aquello divertía a la chica. Peduzzi caminaba arriba y abajo al otro extremo de la calle, a resguardo del viento, con las cañas en la mano.   -Vamos -dijo-, yo llevaré las cañas. ¿Qué más da que alguien las vea? Nadie nos molestará. Nadie se va a meter conmigo en Cortina. Conozco a todo el municipio. He sido soldado. Aquí me conoce todo el mundo. Vendo ranas. ¿Que está prohibido pescar? No pasa nada. Es igual. No hay problema. Les digo que hay grandes truchas. Muchísimas.
   Fueron colina abajo en dirección al río. La población quedaba a su espalda. El sol estaba cubierto y lloviznaba.   -Miren -dijo Peduzzi, señalando a una chica que estaba a la puerta de una casa mientras pasaban-.Es mi hija.   -Su médico -dijo la mujer-, ¿tiene que enseñarnos a su médico?*   -Ha dicho que es su hija -dijo el señorito.   La chica entró en la casa cuando Peduzzi señaló.[sic]   Siguieron bajando la colina a través de los campos y luego viraron para seguir la rivera del río. Peduzzi hablaba deprisa., con muchos guiños de complicidad. Mientras caminaban de tres en fondo, el aire echó el aliento de Peduzzi a la cara de la mujer. en otra ocasión él le dio un codacito en las costillas. A veces Peduzzi hablaba en el dialecto de d'Ampezzo y a veces en el dialecto alemán del Tirol. No sabía cuál de los dos comprendían mejor el señorito y su mujer, de modo que se había pasado al bilingüismo. Pero caundo el señorito dijo "Ja,ja", Peduzzi decidió hablar sólo en tirolés. El señorito y su esposa no entendían nada.   -Todo el mundo nos ha visto pasar con estas cañas. Probablemente ahora nos esté siguiendo un guardabosque. Ojalá no nos hubiéramos metido en esta bobada. Y encima este maldito cretino está borracho perdido.   -Naturalmente no tienes arrestos para dar la vuelta -dijo la mujer-.Naturalmente tienes que seguir adelante.   -¿Por qué no regresas tú? Vuelve Tiny.   -Pienso quedarme contigo. si han de meterte en la cárcel, que nos metan a los dos.
   Giraron bruscamente en la ribera y Peduzzi se quedó inmóvil, con el abrigo agitándose al viento, gesticulando en dirección al río. Era marrón y fangoso. Un poco más a la derecha había un vertedero.   -Dímelo en italiano -dijo el señorito.   -Un'mezz'ora.Piu d'un'mezz'ora.   -Dice que falta al menos media hora. Vuelve Tiny. De todos modos , con este viento vas a pasar frío. Hace un día de perros, y de todos modos tampoco vamos a pasarlo bien.   -Muy bien -dijo ella, y trepó por la ribera cubierta de hierba.   Peduzzi estaba en el río y no se dio cuenta de que la mujer se iba hasta que estuvo arriba, casi fuera del alcance de su vista.   -Frau! -le gritó-.Frau! Fraülein! No vaya.   La mujer rebasó la cima de la colina.   -¡Ha desaparecido!-dijo. Eso pareció impresionarlo.   Quitó las gomas elásticas que mantenían unidas las diferentes partes de las cañas y comenzó a montar una.   -Pero si acaba de decir que faltaba media hora.   -Oh, sí. Otra buena media hora. Pero este sitio también es bueno.   -¿De verdad?   -Claro. Este sitio es bueno, y el otro también.
   El señorito se sentó en la orilla y montó una de las cañas, puso el carrete e hizo pasar el sedal por las guías. Se sentía incómodo, y le daba miedo que en cualquier momento apareciera un guardabosque o una cuadrilla de ciudadanos. Se veían las casas de la población y el campanario sobre el borde de la colina.Sacó su caja de hijuelas. Peduzzi se inclinó hacia delante e introdujo el pulgar y el índice, duros y planos, y enmarañó las hijuelas humedecidas.   -¿Tiene algún plomo?   -No.   -Tiene que tener algún piombo. Un poco de piombo. Aquí. Justo encima del anzuelo, o el cebo flotará en el agua. Lo necesita. Solo un poco de piombo.   -¿Usted tiene?   -No. -Peduzzi buscó desesperadamente en sus bolsillos. A través de la tela cribó la borra que había en el forro de los bolsillos militares interiores-. No me queda. Necesitamos piombo.   -Entonces no podemos pescar -dijo el señorito, y desmontó la caña, enrollando el sedal a través de las guías-. Mañana conseguiremos algo de piombo y pescaremos.   -Pero escúcheme, caro, debe tener piombo.Si no la hijuela quedará plana sobre el agua. -A Peduzzi el día se le iba haciendo añicos ante sus ojos-.Debe tener piombo. Con un poco basta. Su material está limpio y nuevo, pero no tiene plomo. Yo podría haber traído. Me dijo que tenía de todo.   El señorito miró el riachuelo descolorido por la nieve que se derretía.  
-Lo sé -dijo-, mañana conseguiremos un poco de piombo y pescaremos.   
-¿A qué hora de la mañana? Dígamelo. 
           -A las siete.  
Salió el sol.Era cálido y agradable. El señorito se sintió aliviado. Ya no estaba quebrantando la ley. Sentado en la ribera, sacó la botella de marsala del bolsillo y se la pasó a Peduzzi. Peduzzi se la devolvió.   -Beba -dijo-,beba. Es su marsala.
Después de otro trago, el señorito le entregó la botella.Peduzzi la había estado observando atentamente. Cogió la botella apresuradamente y la inclinó. Los pelos grises en los pliegues de su cuello oscilaron mientras bebía, con los ojos fijos en el extremo de la estrecha botella marrón. Se bebió todo el marsala. El sol brillaba mientras bebía. Era maravilloso. Después de todo era un día estupendo. Un día maravilloso.   -Senta, caro! Por la mañana a las siete.- Había llamado varias veces caro al señorito y no había pasado nada. Era un buen marsala. Le relucían los ojos. Tenía muchos días como ese por delante. Comenzaría a las siete de la mañana.   
Empezaron a subir la colina hacia la ciudad. El señorito iba delante. Ya había subido un buen trecho de la colina. Peduzzi lo llamó.   -Escuche, caro, ¿me haría el favor de prestarme cinco liras?   -¿Para hoy? -preguntó el joven frunciendo el entrecejo.   -No, no para hoy. Démelas hoy para mañana. Mañana yo traeré todo. Pane, salami, formaggio, cosas buenas para todos. Usted, yo y la signora. Cebo para pescar, pececillos, no solo gusanos. A lo mejor puedo conseguir un poco de marsala. Todo por cinco liras. Cinco liras, por favor.   El señorito buscó en su cartera y sacó un billete de dos liras y dos de uno.   -Gracias, caro. Gracias -dijo Peduzzi, con el mismo tono en que un miembro del Carleton Club acepta el Morning Post que le ofrece otro miembro. Eso era vida. Se había acabado trabajar en el jardín del hotel, partiendo estiércol helado con un bieldo. La vida estaba llena de posibilidades.   -Hasta las siete en punto, entonces, caro -dijo, dándole una palmada en la espalda al señorito.   -A lo mejor no voy -dijo el señorito, metiéndose la cartera en el bolsillo.   -¿Qué? -dijo Peduzzi-. Traeré pececillos para el cebo, signor. Salami, de todo. Usted y yo y la signora. Los tres.   -A lo mejor no voy -dijo el señorito-, lo más peobable es que no vaya. Le dejaré un recado al padrone en la recepción del hotel.



Ernest Hemingway, Cuentos, Lumen, 2007




domingo, 2 de octubre de 2016

El Cubismo y María Blanchard





María Blanchard, es  menos conocida y valorada de lo que su obra merece. Gabriel Ferrater en Sobre pintura,1979, ya señalaba la opacidad y el olvido en que por complejas circunstancias se había mantenido su figura :
"Un tercer nombre español, tras los de Picasso y Gris, figura entre los de los  pintores que formaron parte de los primeros círculos cubistas: el de María Blanchard. Pero mientras que Gris y Picasso gozan hoy de una fama extensa y de profusa manifestación, María Blanchard no es conocida casi más que por unos cuantos especialistas o por los más atentos aficionados a la pintura moderna".
En 2012 una  exposición de la Fundación Botín:María Blanchard cubista ponía en evidencia el desconocimiento y la superficial valoración de la artista presentando 74 pinturas realizadas entre 1916-19. 
Sólo era preciso entrar  en la sala  y sentirse rodeado por las  obras para  comprender que se estaba ante una artista de primer orden equiparable a los grandes que convivieron en el París de las vanguardias y ayudaron a afianzar sus logros.Una concentración de energía plástica sacudía y atrapaba al visitante sorprendido y se grababa en la memoria para permanecer.
María Blanchard,1917,Composición cubista,ól/lz57 x 54. colec.particular 
La fuerza constructiva y el misterio de un cromatismo original y saturado en que el cubismo, además de estructura, era potencia de color en una concentración abstracta de belleza,hacían pensar en  lo que Apollinaire, -dentro del cubismo-, llamó orfismo,en 1913. Los lienzos expuestos provenían de museos españoles, europeos y americanos y de importantes colecciones particulares.
María Gutiérrez Blanchard, había nacido en 1881, -el mismo año que Picasso al que conocería en París-  en  una familia de la burguesía culta,-su abuelo fue fundador del periódico La abeja montañesa y su padre de El Atlántico-, pero empobrecida  tras la muerte del padre.Una deformidad física de la columna,la salud delicada, y la pobreza, ensombrecieron su vida pero no le impidieron mantener una lucha incansable por conseguir una obra personal y significativa.Ella misma decía que sus logros se debían  más al  trabajo que a la inspiración. 
Después de estudios de pintura en Madrid con destacados maestros, se trasladó  a París en 1909 con una beca de la Diputación de Santander. En 1912 conoció a Juan Gris, al escultor Lipchtiz  y a Picasso. Junto con Gris  frecuentó el círculo cubista de Picasso y  sus amigos españoles, latinoamericanos  y franceses entre los que se encontraban Vicente Huidobro y Diego Rivera.Ese mismo año María viajaría a Bruselas y  Brujas con Diego Rivera y Angelina Beloff con quienes compartía casa y estudio.
                                                      La comulgante,1914,ól/lz, 180 x124
Su primer cuadro importante, La communiante,  1914, se expuso con éxito en el Salón de Otoño de 1920. En él se conjugan con audacia- elementos de vanguardia,-la importancia dada a  la superficie-, con variaciones de  perspectiva tradicional (lineal para el suelo, caballera para el reclinatorio...) que crean una tensión propia de una visión plástica moderna. Además la "levitación" de la comulgante, los ángeles, el tratamiento del  traje y las cortinas, el modelado algodonoso de luces y sombras crean una atmósfera onírica" surrealista antes del Surrealismo.                                   
Al comenzar la Primera Guerra Mundial vuelve a Madrid donde comparte estudio con Diego Rivera y Angelina Beloff y en 1915 participa en la exposición de Los pintores íntegros,organizada por el Ramón Gómez de la Serna, "experto en greguerías y vanguardias".De esa fecha es el  retrato cubista que Diego Rivera hace a Gómez de la Serna.Ese mismo año gana una cátedra de dibujo en la Escuela Normal de Salamanca que decide abandonar por  las burlas crueles de los algunos alumnos frente a su deformidad física.
En  1916 la pintora se instala definitivamente en París donde morirá de tuberculosis en 1932. A su muerte el Ateneo de Madrid  celebra un acto en su honor con la intervención entre otros de García Lorca que lee Elegía a María Blanchard en su memoria. La familia recoge sus cosas, nadie se ocupa durante mucho tiempo de su obra y María desaparece. Pero la calidad de sus pinturas  hace que en distintas publicaciones se adjudiquen a Juan Gris y  el marchante Kahnweiler cuenta que algunos desaprensivos en los años cuarenta eliminaron la firma de María  y la sustituyeron por la de  Gris que sí estaba en el mercado. 
En su obra se distinguen etapas: 1907-1913 años de búsqueda e investigación plástica que se reflejará en obras posteriores. 1916 y 1919,  la etapa cubista. Y  1919 a 1932    vuelta a la figuración ya con la impronta cubista y  reflejos  de luz que crean calidades cristalinas y que son también una marca del último estilo.

   Vega Tora Holmström, Retrato de M.Blanchard, 1921. 
        De 1916-1919, cubismo


Últimos años, a partir de 19191, vuelta a la figuración

 



Resultado de imagen de María Blanchard las dos hermanas



El País, 21 oct, 2016:Arte a pesar de la Gran Guerra

miércoles, 3 de agosto de 2016

Fleur Jaeggy: Dos bocanadas de aire


Desconocida hasta leer a  dos escritoras jóvenes hablar de ella con devoción y entusiasmo. Una dice que le fascina y la propone para el próximo Nobel de Literatura. La otra la sitúa entre las autoras, - lo que  la devalúa, sin pretenderlo, al sustraerla de la categoría general y válida de  escritores de calidad-que ha leído últimamente y le han encantado.  
Es Fleur Jaeggy, que nace en Zurich en 1940, estudia en Suiza, viaja a Roma, que comparte con su amiga Ingeborg Batchmann, trabaja en la editorial Adelphi  y se instala definitivamente en Italia. En los años sesenta se casa con Roberto Calasso. Escribe en italiano. Hay que acercarse a ella y ver si es para tanto. Se empieza El último de la estirpe un libro de relatos.
Y puede ser para tanto, o no. En alguna de las narraciones se encuentra una escritura despojada, inquietante,de helado lirismo...  de frases cortas y rápidas, a veces, como disparos.Pero en otros momentos la búsqueda de originalidad parece estar por encima de todo.   Algunos críticos al hablar sobre ella citan a Kafka o a Robert Walser...y se oye fantasmal la voz desolada, y necesaria,  de Jakob von Gunten o de Los hermanos Tanner...  Walser y también Kafka son otra cosa o lo parecen...
En esas ocasiones discutibles la autora exagera el manierismo de un  estilo rebuscado, refinado y muy elaborado que tal vez contribuya a la fascinación que provoca en algunos lectores. En la contraportada Joseph Brodsky -respetado y querido por este blog- tras la lectura de Los hermosos años del castigo, hace  un gran elogio... 
Negde es uno de los veinte "relatos" que componen El último de la estirpe, el mejor de todos, el más sincero literariamente.En él recrea con emoción  intimista y mucho talento la nostalgia lacerante  del  exilio y parte de su propia historia rusa, -en los días de Brooklyn-, del  poeta Iosif Brodsky, precisamente.



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NEGDE

Hacía mucho frío, en invierno, en Nueva York. Iosif salía de su casa en Brooklyn para respirar. Para su paseo nocturno. Sin abrigo. Quería tan sólo caminar y respirar.Dos bocanadas de aire. Hacía el gesto,puff, dos caladas al cigarrillo. Necesitaba aquella calidad de aire báltico, en espera de la nieve. Aquel aire que provenía del estuario y llamaba a su puerta, detrás de las columnas. "Sal",ordenaba. Y le brindaba un puñado de hielo. A aquella hora ya no había nadie. Un paseador de perros regresaba a casa con las correas después del reparto.
Cuanto más se aproxima Iosif al agua, más lacerante se volvía el aire. El invierno, la verdadera estación del año. Como en San Petersburgo. "Cuando el gran río se extendía blanco y helado como la lengua de un continente reducida al silencio". Eso escribía. Una arcana brisa hiperbórea en las ramas de los árboles. Iosif no puede evitar vivir en lugares de agua. Es como un marino. Juega con la lunática rosa de los vientos, que lo empuja hacia el río. Le gustaban los uniformes azules de los oficiales de Marina y los abrigos con la doble fila de botones de oro. cual alamedas de noche con las luces que se alejan. A los catorce años había pedido ser admitido en la academia para submarinistas, pero lo habían rechazado. Luego el campo de trabajos forzados. Que es mejor que el ejército. Camina distraído, casi lejos de sí mismo. La distracción no impide a su mirada melancólica estar vigilante. Palabras, paisaje, silencio, diría Frost. ¿Es acaso el hielo el que crea al poeta?

Unos minutos más y Iosif ha llegado a la Promenade. Así se llama la orilla que bordea el estuario. Los bancos públicos miran al agua. Y Iosif.Pasan los remolcadores, las nubes, las gabarras. "Corta las olas la corbeta con el perfil de Franz Listz."Todo está en calma, vaga inquietud adormecida, un poco de vacío. De día juegan los niños en un jardín cercano. Jugaban alegres, la risa amortiguada y muchos gorros de lana variopintos.

Iosif está absorto. Las fachadas de las casas, caprichosas y frívolas, tienen una obstinada docilidad episcopal muy suya. Parecen señoritas que permanecen todavía jóvenes.Esas que miran, sin ser vistas, detrás de las ventanas. El pelo recogido, un cuello de encaje, pequeños botones blancos en sus ojales perfectos. en la cama falta la muñeca."El delicioso dormitorio (una muñeca entre cojines) donde ella tiene sus "pesadillas". Y la cocina: el crisantemo del hornillo de gas ronronea y difunde un olor a té. Y el diseño de un cuerpo se despereza firme en la poltrona, como firme permanece el sedimento después del líquido."Un piano vertical. Aún se oye sonar un motivo, cada vez más lejano, sumergido. Los ojos de las señoritas abandonan las ventanas, se cierran las  cortinas y ya sólo pasa una luz por las flores de los alféizares.

En la barandilla de la Promenade hay un letrero. Quiet zone.Y cuatro NO claramente señalados: 
NO RADIO PLAYING
NO BOOM BOXES 
NO MUSICAL INSTRUMENTS 
NO LOUD OR UNNECESSARY NOISE

Fuera bicicletas y también de manera muy evidente, At any time.En ningún momento. Ruidos no necesarios. Es la quiet zone sin tiempo.Y eso es extremadamente tranquilizador. Hasta las voces parecen atenuarse. Tal vez los paseantes no se peleen. Tal vez sea una tierra casi feliz. Iosif mira las torres. La barca de los bomberos, con las plataformas exteriores que semejan abanicos de agua, se alejan deslizándose.en el cielo oscuro un vuelo de pájaros oscuros. al otro lado los grandes depósitos, los almacenes. Y siguiendo la línea recta de la mirada, las torres. Es lo que ve Iosif, las Torres Gemelas. Lo fueron, antaño.Las vieron arder desde la zona tranquila de la Promenade. Asistieron a la destrucción. Allí estaban, los espectadores. Las vieron arder, reflejadas en el agua. Las ventanas parecían despertar. El incendio en el East River. Puede que Iosif sepa que ya no están. Faltan las dos torres. Allí, frente a la Promenade. El resplandor del maleficio. Han dejado dolor y abismo que no se borra con la mano ni con las palabras. Iosif volvía a ver el Neva y regresaba. En otro lugar, en una noche sin sombra, del mes de mayo, escribía a la luz del día.La luz era clara, rosada, tenue. Ahora escribe en la oscuridad. Le bastan el folio y la tinta en toda la longevidad de las tinieblas. Cualquier lugar es para él una ciudad mental llamada Negde, que en ruso significa "de ninguna parte".Y Iosif, para respirar, iba a ninguna parte.

Es su escribanía el lugar de cualquier parte.La luz de la cúpula verde proyecta reflejos de esmalte en los objetos. Una constelación de cosas, inmóviles como flechas en vuelo. Una pirámide, un minúsculo avión de hojalata, el ventilador. Estilográficas, secretos y escondrijos. El reloj está parado. Las agujas negras y finas, en ósmosis con la despedida. Todavía es invierno en el jardín desangelado al pie del muro de ladrillo. En la ventana la cortina gris ha sido bajada a la mitad.Los objetos que nada saben de Schmerz y Schmalz, azúcar sentimental y dolor interior, le suministraban papel y tinta. Una cómoda butaca adamascada color carmesí con cojín verde escucha el repiqueteo de las teclas de la máquina de escribir. Y el imperceptible fluir de las palabras todavía no visibles. Los objetos tienen un sentido de pertenencia, como en un pacto. No quieren separarse de Iosif. No quieren que se los desplace y, si alguien lo hace, vuelven a su lugar. Parece que lo estén esperando. El busto de Pushkin está vuelto hacia la puerta. En las paredes Anna Ajmátova. Y Wystan Auden. Todo tal como estaba. Tal vez no se haya ido de todo, Iosif Brodsky. 

Fleur Jaeggy, El último de la estirpe, TusQuets,2016

link: Joseph Brodsky: el poder sutil de la poesía sobre la prosa

El Cultural, nov.2014,
entrevista:Fleur Jaeggy-