" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

martes, 15 de marzo de 2022

Rilke releído por Zagajewski



Releer a Rilke de Adam Zagajewski  es de formato pequeño y solo tiene 64 páginas,  pero pertenece a esa clase de "libritos" (Muerte en Venecia, T. Mann- París era una fiesta, Hemingway- Chuang-Tzu, Octavio Paz- Antón Chéjov  Natalia Ginzburg- El Huésped,  I.B.Singer- Cartas a un joven poeta, Rilke...) que no se acaban nunca. Toda la sabiduría  del poeta polaco está concentrada en cada línea y contagia al lector o le recuerda lo necesario que es leer o releer en el mejor de los casos a Rilke. 



Días de otoño

Señor, ya es tiempo. Grande ha sido el verano.
Tiende tu sombra sobre los relojes
de sol, y desata los vientos por el campo.

Haz madurar las frutas más tardías,
dales dos días más de sur,
fuérzales a acabar, y echa
el último dulzor al vino recio.

Quien ya no tiene casa, no la construirá.
Quien ahora está solo, lo estará mucho tiempo.
Velará, leerá, escribirá largas cartas
e irá por los paseos, deambulando
de un lado a otro, mientras las hojas caen.

Zagajewski comenta:
    
"...Entre los muchos poemas sobre la muerte en los poemarios de Rilke, éste es uno de los más delicados: no se escucha la palabra muerte. La carencia de un hogar es uno de sus temas centrales y este poema (al que Celan replicaría con su "Corona") lleva directamente a "La primera elegía" de Duino con su lamento ("sin refugio permanente") y sin embargo su belleza difiere de la estética de las elegías, que reside en la búsqueda de las "leyes generales" que rigen la existencia humana, pero aun así ya está presente el tema postrero de construir, de crear objetos como defensa contra la gélida frialdad del universo; si alguien ha construido ya una casa, estará a salvo..."pp37,38
   

Adam Zagajewski, Releer a Rilke, Acantilado 2017


miércoles, 26 de enero de 2022

Céline un texto breve



Mientras se buscan en la red fotos de Céline van pasando velozmente como transparencias implacables improperios: "feroz antisemita, colaboracionista..." escritos a su vez con una ferocidad que sobrecoge y sorprende también que no se emplee siempre y en todos los casos de inhumanidad. Muy distintas  por su ausencia de sectarismo- son las palabras y el tono del escritor de origen judío George Steiner cuando habla sobre el autor francés en Un largo sábado:


Céline y su esposa Lucette Destuches
Se casaron en 1943 y vivieron juntos hasta la muerte de Céline en 1961  a los sesenta y siete años.Lucette murió en 2019 a los 107 .Lucette  era bailarina pero una vez muerto Céline sacrificó su vida profesional para en una difícil batalla, perdida, defender la memoria de su marido.

    
"Si me pregunta quien ha marcado el curso de la lengua francesa, en los tiempos modernos, le diré que son Proust y Céline. Los dos. Céline es con Rabelais, uno de los más grandes magos de la lengua francesa, gracias a Viaje al fondo de la noche. Pero no sólo el  Viaje. Las tres novelas sobre su fuga a Dinamarca (que muy pocos leen hoy en día) -De un castillo al otro, Norte y Rigodón- son una maravilla. Las escenas con su gato Bébert, ante las llamas de Colonia, cuando el gato se pierde entre las llamas y se baja del tren; las escenas de Sigmaringen -donde Pétain, completamente sordo, no oye el descenso del avión inglés que se acerca al puente- ¡son shakesperianas! Y lo digo con todo el cuidado. En  ese hombre horrible se esconden grandes invenciones poéticas. Y también una inmensa compasión humana. Como médico fue formidable con los pobres, con los animales. [...] 
Por eso no consigo comprender. Ese mismo hombre concibe esa basura infame que es Bagatelas para una masacre y otros textos. Panfletos, grandes panfletos antisemitas. Se me pide comprensión : no puedo comprenderlo. Ese mismo hombre quiere que todos los judíos acaben en un horno.
    ¿Qué hacer frente a eso? Como lector, como profesor, tengo una deuda enorme con esos textos. Son los textos que amueblan  mi mente y mi ser . Ello no quiere decir ni por un instante que defienda a esos hombres."....pp.109,110  


George Steiner, Un largo sábado. Conversaciones con Laure Adler. Siruela 


lunes, 6 de diciembre de 2021

Navidad 2021/ Joseph BRODSKY y Paco DE LUCÍA



                                            

25. XII. 1993

¿Qué hace falta para un milagro? A una zamarra de pastor,

un granito de ayer y una pizca de hoy
y mañana, añádeles a ojo
un trocito de espacio y una miga de cielo.

Y el milagro se hará. Porque los milagros
gravitan en torno a la tierra y guardan
nuestras direcciones. Y tanto es su afán por encontrarnos
que incluso en el desierto dan con quien lo habita.

Y, si dejas tu casa, al despedirte,
enciende la estrella de cuatro velas
para que ilumine el mundo vacío, y te siga
con su mirada por los siglos de los siglos.

                                                                                 1993

viernes, 20 de agosto de 2021

Kerstin Brätsch artista visual

 





Hace más de un siglo comenzó  a resquebrajarse el Arte Occidental tal como se pensó en el Renacimiento: el arte mímesis y reproducción de las apariencias y el parámetro de belleza como equilibrio, armonía y proporción. Ese modelo aún lo tuvo en cuenta  el Impresionismo pero el Fauvismo,(1905) proclamó la autonomía del color al margen de la naturaleza y el Cubismo (1908), fragmentó la figura y el espacio para introducir el tiempo. En 1909 el Futurismo italiano en el Manifiesto que encabezó Marinetti, entre algunas ideas delirantes, introdujo la velocidad y el dinamismo de la vida moderna y muchos aspectos como el absurdo que recogería y amplificaría  Dadá, que se declararía antiarte mientras el Surrealismo (1924) introduciría  el automatismo psíquico, los sueños y el inconsciente. 
Marcel Duchamp coronó  la ruptura con dos conceptos radicales: "quién es un artista" ( alguien que  se proclama como tal) y "qué es arte" ( aquello que dice un artista que lo es) y de paso con sus "vidrios" dio a la pintura por muerta. 
Y así se llegó al arte llamado abstracto y  al arte conceptual en el que las ideas son más importantes que los objetos realizados, sean pintura, escultura o un conjunto  de todo ello y lleva a esa clase de obras  que hace preguntarse con desconcierto  "¿pero, esto es arte?"

               

Y sin embargo durante el siglo veinte y hasta hoy la pintura ha  sobrevivido metarmofoseándose, buscando otros objetivos, y utilizando otras técnicas y otros materiales, más objetos encontrados, más vídeo, etc... formando el collage de las performances o las instalaciones  multimedia.

Kerstin Brätsch, Hamburgo, 1978, es una de esos artistas que actualmente certifican la vitalidad de la pintura,una artista visual que estudió arte en las universidades de Berlín y Columbia y actualmente reside  en Nueva York  donde   trabaja en dilatar los límites de la pintura, de  la abstracción  y del arte  creando  obras impactantes que no dejan indiferente.   








Su método de trabajo incluye cualquier cosa excepto la pintura con pincel; usa óleo, vidrio, rocas volcánicas, papel de aluminio,tubos de neón... Realiza piezas de gran tamaño que expone de forma especial a menudo sostenidas por imanes y combinándolas en interesantes performances partiendo de el poder del lenguaje y su ambigüedad, buscando expresar conceptos abstractos, el calor, el frío..., utilizando de forma creativa una combinación ,caótica en principio, de materiales con los que crea un universos sofisticado y elegante, inusual.




jueves, 29 de abril de 2021

J.L.BORGES un cuento "El Indigno"




Ricardo Piglia escribió una vez que  Borges era el último escritor argentino del siglo XIX y Arlt el primero del siglo XX. Una broma, porque  Borges es atemporal -y   era ya un clásico en  vida-,   además de ser  uno de los  pesos pesados  de la literatura en español y hasta de  la cultura occidental, tan dilatada y difícil de delimitar...  (quién  no está contaminado de judaísmo, cristianismo, cultura grecorromana y otros gérmenes...)  Pero Piglia posiblemente sólo quería remarcar con esa boutade la calidad y la importancia de Arlt.

Cuando en 1926 apareció en  Buenos Aires su  novela "El juguete rabioso" rompía con el modo de narrar habitual y al no poderla encajar en modelos conocidos  el mundillo literario decidió que Arlt no sabía escribir. Pocos sospecharon que fuera una obra maestra. Pero Borges supo valorarla y muchos años después volvió sobre uno de sus aspectos para escribir "El indigno", uno de sus mejores cuentos.


Norah Borges, 1949?


   
EL INDIGNO

     
    La imagen que tenemos de la ciudad siempre es algo anacrónica. El café ha degenerado en bar; el zaguán que nos dejaba entrever los patios y la parra es ahora un borroso creador con un ascensor en el fondo. Así, yo creí durante años que a determinada altura de Talcahuano me esperaba la Librería de Buenos Aires, una mañana comprobé que la había reemplazado una casa de antigüedades y me  dijeron que don Santiago Fischbein, el dueño, había fallecido. Era más bien obeso; recuerdo menos sus facciones que nuestros largos diálogos. Firme y tranquilo, solía condenar el sionismo, que haría del judío un hombre común, atado, como todos los otros, a una sola tradición y un solo país, sin las complejidades y discordias que ahora lo enriquecen. Estaba compilando, me dijo, una copiosa antología de la obra de Baruch Spinoza, aligerada de todo ese aparato euclidiano que traba la lectura y que da a la fantástica teoría un rigor ilusorio. Me mostró, y no quiso venderme, un curioso ejemplar de la Kabbala denudata de Rosenroth, pero en mi biblioteca hay algunos libros de Ginsburg y de Waite que llevan su sello.
    Una tarde en que los dos estábamos solos me confió un episodio de su vida, que hoy puedo referir. Cambiaré, como es de prever, algún pormenor.
    "-Voy a revelarle una cosa que no he contado a nadie. Ana, mi mujer, no lo sabe, ni siquiera mis amigos más íntimos. Hace ya tantos años que ocurrió que ahora la siento como ajena. A lo mejor le sirve para un cuento, que usted, sin duda, surtirá de puñales. No sé si ya le he dicho alguna otra vez que soy entrerriano. No diré que éramos gauchos judíos; gauchos judíos no hubo nunca. Éramos comerciantes y chacareros. Nací en Urdinarrain, de la que apenas guardo memoria; cuando mis padres se vinieron a Buenos Aires, para abrir una tienda, yo era muy chico. A unas cuadras quedaba el Maldonado y después los baldíos.
    Carlyle ha escrito que los hombres precisan héroes. La historia de Grosso me propuso el culto de San Martín, pero en él no hallé más que un militar que había guerreado en Chile y que ahora era una estatua de bronce y el nombre de una plaza. El azar me dio un héroe muy distinto, para desgracia de los dos: Francisco Ferrari. Esta debe ser la primera vez que lo oye nombrar.
    El borrico no era bravo como lo fueron, según dicen, los Corrales y el Bajo, pero no había almacén que no contara con su barra de compadritos. Ferrari paraba en el almacén de Triunvirato y Thames. Fue allí donde ocurrió el incidente que me llevó a ser uno de sus adictos. Yo había ido a comprar un cuarto de yerba. Un forastero de melena y bigote se presentó y pidió una ginebra. Ferrari le dijo con suavidad:
    -Dígame ¿no nos vimos anteanoche en el baile de la Juliana? ¿De dónde viene?
    -De San Cristóbal -dijo el otro.
    -Mi consejo -insinuó Ferrari- es que no vuelva por aquí. Hay gente sin respeto que es capaz de hacerle pasar un mal rato.
    El de San Cristóbal se fue, con bigote y todo. Tal vez no fuera menos hombre que el otro, pero sabía que ahí estaba la barra.
    Desde  esa tarde Francisco Ferrari fue el héroe que mis quince años anhelaban. Era morocho, más bien alto, de buena planta, buen mozo a la manera de la época. Siempre andaba de negro. Un segundo episodio nos acercó. Yo estaba con mi madre y mi tía; nos cruzamos con unos muchachones y uno le dijo fuerte a los otros:
    Déjenlas pasar. Carne vieja.
    Yo no supe qué hacer. En eso intervino Ferrari, que salía de su casa. Se encaró con el provocador y le dijo:
    Si andás con ganas de meterte con alguien ¿ por qué no te metés conmigo más bien?
    Los fue filiando, uno por uno, despacio, y nadie contestó una palabra. Lo conocían.
    Se encogió de hombros, nos saludó y se fue. Antes de alejarse , me dijo:
    -Si no tenés nada que hacer, pasá luego por el boliche.
    Me quedé anonadado. Sarah, mi tía, sentenció:
    -Un caballero que hace respetar a las damas.
    Mi madre, para sacarme del apuro, observó:
    Yo diría más bien un compadre  que no quiere que haya otros.
    No sé  cómo explicarle las cosas. Yo me he labrado ahora una posición, tengo esta librería que me gusta y cuyos libros leo, gozo de amistades como la nuestra, tengo mi mujer y mis hijos, me he afiliado al partido socialista, soy un buen argentino y un buen judío. Soy un hombre considerado. Ahora usted me ve casi calvo; entonces yo era un pobre muchacho ruso, de pelo colorado, en un barrio de las orillas. La gente me miraba por encima del hombro. Como todos los jóvenes, yo trataba de ser como los demás. Me había puesto Santiago para escamotear el Jacobo, pero quedaba el Fischbein. Todos nos parecemos a la imagen que tienen de nosotros. Yo sentía el desprecio de  la gente y yo me despreciaba también. En aquel tiempo, y sobre todo en aquel medio,era importante ser valiente; yo me sabía cobarde. Las mujeres me intimidaban; yo sentía la íntima vergüenza  de mi castidad temerosa. No tenía amigos de mi edad.
    No fui al almacén esa noche. Ojalá nunca lo hubiera hecho. Acabé por sentir que en la invitación había una orden; un sábado después de comer, entré en el local.
    Ferrari presidía una de las mesas. A los otros yo los conocía de vista; serían unos siete. Ferrari era el mayor, salvo un hombre viejo de pocas y cansadas palabras, cuyo nombre es el único que no se me ha borrado de la memoria: don Eliseo Amaro. Un tajo le cruzaba la cara, que era muy ancha y floja. Me dijeron , después, que había sufrido una condena.
    Ferrari me sentó a su izquierda; a don Eliseo lo hicieron mudar de lugar. Yo no las tenía todas conmigo.- Temía que Ferrari aludiera al ingrato incidente de días pasados. Nada de eso ocurrió; hablaron de mujeres, de naipes, de comicios, de un payador que estaba por llegar y que no llegó, de las cosas del barrio. Al principio les costaba aceptarme; luego lo hicieron, porque tal era la voluntad de Ferrari. Pese a los apellidos en su mayoría italianos, cada cual se sentía (y lo sentían) criollo y aun gaucho. Alguno era cuarteador o carrero o acaso matarife; el trato con los animales les acercaría a la gente de campo. Sospecho que su mayor anhelo hubiera sido ser Juan Moreira. Acabaron por decirme el Rusito, pero en el apodo no había desprecio. De ellos aprendí a fumar y otras cosas.
    En una casa de la calle Junín alguien me preguntó si yo era amigo de Francisco Ferrari. Le contesté que no; sentí que haberle contestado que sí hubiera sido una jactancia.
    Una noche la policía entró y nos palpó. Alguno tuvo que ir a comisaría; con Ferrari no se metieron. A los quince días la escena se repitió; esta segunda vez arrearon con Ferrari también, que tenía una daga en el cinto. Acaso había perdido el favor del caudillo de la parroquia.
    Ahora veo en Ferrari un pobre muchacho iluso y traicionado; para mí, entonces, era un dios.
    La amistad no es menos misteriosa que el amor o que cualquiera de las otras faces de esta confusión que es la vida. He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola. El hecho es que Francisco Ferrari, el osado, el fuerte, sintió amistad por mí, el despreciable.Yo sentí que se había equivocado y que yo no era digno de esa amistad. Traté de rehuirlo y no me lo permitió. Esta zozobra se agravó por la desaprobación de mi madre, que no se resignaba a mi trato con lo que ella nombraba la morralla y que yo remedaba. Lo esencial de la historia que le refiero es mi relación con Ferrari, no los sórdidos hechos, de los que ahora no me arrepiento. Mientras dura el arrepentimiento dura la culpa.
    El viejo, que había retomado su lugar al lado de Ferrari, secreteaba con él. Algo estarían tramando. Desde la otra punta de la mesa, creí percibir el nombre de Weidemann, cuya tejeduría quedaba por los confines del barrio. Al poco tiempo me encargaron, sin más explicaciones, que rondara la fábrica y me fijara bien en las puertas. Ya estaba por atardecer cuando crucé el arroyo y las vías. Me acuerdo de unas casas desparramadas, de un sauzal y unos huecos. La fábrica era nueva, pero de aire solitario y derruido; su color rojo, en la memoria, se confunde ahora con el poniente. Le cercaba una verja. Además de la entrada principal, había dos puertas en el fondo que miraban al sur y que daban directamente a las piezas.
    Comprendo que tardé en comprender lo que usted ya habrá comprendido. Hice mi informe, que otro de los muchachos corroboró. La hermana trabajaba en la fábrica. Que la barra faltara al almacén un sábado a la noche hubiera sido recordado por todos; Ferrari decidió que el asalto se haría el otro viernes. A mí me tocaría hacer de campana. Era mejor que, mientras tanto, nadie nos viera juntos. Ya solos en la calle los dos, le pregunté a Ferrari:
    -¿Usted me tiene fe?
    -Sí -me contestó-. Sé que te portarás como un hombre.

    Dormí bien esa noche y las otras. El miércoles le dije a mi madre que iba a ver en el centro una vista nueva de cowboys. Me puse lo mejor que tenía y me fui a la calle Moreno. El viaje en el Lacroze fue largo. En el Departamento de Policía me hicieron esperar, pero al fin uno de los empleados, un tal Eald o Alt, me recibió. Le dije que venía a tratar con él un asunto confidencial. Me respondió que hablara sin miedo. Le revelé lo que Ferrari andaba tramando. No dejó de admirarme que  ese nombre le fuera desconocido; otra cosa fue cuando hablé de don Eliseo.
    -¡Ah! -me dijo-.Ese fue de la barra del Oriental.
    Hizo llamar a otro oficial, que era de mi sección, y los dos conversaron. Uno me preguntó, no sin sorna:
    -¿Vos venís con esta denuncia porque te creés un buen ciudadano?
    Sentí que no em entendería y le contesté:
    -Sí, señor. soy un buen argentino.
    Me dijeron que cumpliera con la misión que me había encargado mi jefe, pero que no silbara cuando viera venir a los agentes. Al despedirme, uno de los dos me advirtió:
    -Andá con cuidado. Vos sabés lo que les espera a los batintines.
    Los funcionarios de policía gozan con el lunfardo, como los chicos de cuarto grado. Le respondí:
    -Ojalá me maten. Es lo mejor que puede pasarme.
    Desde la madrugada del viernes, sentí el alivio de estar en el día definitivo y el remordimiento de no sentir remordimiento alguno. Las horas se em hicieron muy largas. Apenas probé la comida. A las diez de la noche fuimos  juntándonos a una cuadra escasa de la tejeduría. Uno de los nuestros falló; don Eliseo dijo que nunca falta un flojo. Pensé que luego le echarían la culpa de todo. Estaba por llover. Yo temí que alguien se quedara conmigo, pero me dejaron solo en una de las puertas del fondo. Al rato aparecieron los vigilantes y un oficial. Vinieron caminando; Ferrari había forzado la puerta y pudo entrar sin hacer ruido. Me aturdieron cuatro descargas.para no llamar a la atención de servicio dejó los caballos en un terreno.Yo pensé que adentro, en la oscuridad, estaban matándose.En eso vi salir a la policía con los muchachos esposados. Después salieron dos agentes, con Francisco Ferrari y don Eliseo amaro a la rastra. Los ardido a balazos. En el sumario se solicitó que resistido la orden de arresto y que fueron los primeros en hacer fuego. Yo sabía que era mentira, porque no los vi nunca con revólver. La policía aprovechó la ocasión para cobrarse una vieja deuda. Días después, me dijeron que Ferrari trató de huir, pero que un balazo bastó.Los diarios, por supuesto, lo convirtieron en el héroe que acaso nunca fue y que yo había soñado.
    A mí me arrearon con los otros y al poco tiempo me soltaron. "

Relacionado,


Jorge Luis Borges, El informe de Brodie , Alianza / Emecé, 1974

domingo, 17 de enero de 2021

Franz KAFKA "En la galería"




Kafka y Chéjov  tan diferentes posiblemente sean los autores que más han influido en otros  escritores desde la aparición de sus obras.

Georges Seurat , El Circo 1891


EN LA GALERÍA

Si  una débil amazona tísica fuese obligada a dar vueltas sin interrupción durante meses en la pista del circo por un despiadado jefe que agita el látigo sobre un caballo que se tambalea, ante un público incansable, aleteando sobre el caballo, echando besos, cimbreando la cintura; y si ese juego se continuase en un futuro gris que una y otra vez se inicia incesantemente, acompañado de aplausos que se extinguen y vuelven a crecer, que son en realidad martinetes de vapor, quizá entonces un joven espectador de la galería se apresuraría a bajar la larga escalera a través de todas las gradas, se precipitaría sobre la pista del circo, y gritaría ¡alto! entre el ruido de las  fanfarrias de la orquesta siempre acorde.

Pero como no es así. Una hermosa dama blanca y roja entra revoloteando  a través de las cortinas que abren ante ella los orgullosos libreados; el director, buscando con fervor sus ojos, respira hacia ella en la postura de un animal, la coloca con precaución sobre el caballo tordo, como si fuera su nieta más querida que parte hacia un peligroso viaje, no puede decidirse a dar la señal con el látigo, finalmente, dominándose a sí mismo, la da restallando; anda parejo a los caballos con la boca abierta; sigue los saltos de la amazona con miradas penetrantes; apenas puede comprender su destreza; intenta prevenirla con gritos en inglés; exhorta furioso a los mozos que sujetan los aros a que presten una extremada atención; ante el gran salto mortal suplica a la orquesta con las manos levantadas que guarde silencio; finalmente desmonta a la pequeña del tembloroso caballo, la besa en ambas mejillas y no considera suficiente ninguna ovación del público, mientras que ella , sujetada por él, de puntillas rodeada de polvo, con los brazos extendidos, la cabeza echada hacia atrás  quiere compartir su felicidad con todo el circo. Como esto es así, el espectador de la galería apoya el rostro en la barandilla y, hundiéndose con la marcha final como en un profundo sueño, llora sin saberlo.              1919

                                
                                     Relacionado:
leer a Franz Kafka vuelve más inteligente?




 Franz Kafka, La metamorfosis y otros relatos, Cátedra

jueves, 3 de diciembre de 2020

Navidad 2020 con Joseph Brodsky, Botticelli y Bach



Sandro Botticelli, Anunciación, 1490, 21 x 269 cm. (predela)


Orilla de kisel congelada.Ciudad
que esconde en leche su reflejo. Suenan los carillones. En el cuarto, luz.
A lo lejos,los ángeles arman alboroto,
como camareros saliendo en tropel de una cocina.
Te lo escribo desde el otro lado de la Tierra.
En el día del nacimiento de Cristo.
Los copos de nieve,arremolinados,
detrás de la ventana, resuenan con un "ay, lulí"*sincero:
la blancura se multiplica.
Pronto Él cumplirá dos mil años.
Quedan catorce. Hoy es miércoles;
mañana,jueves. Temo que este aniversario
habremos de celebrarlo sin añadir hielo,
liberando una futura arruga
de la mejilla soñolienta; dicho llanamente, junto a Él.
Y entonces nos veremos. Como la estrella desvela al campesino,
un piano despertado por un dedo,
pasa a través de la pared y enturbia mi oído.
Como si alguien estuviera aprendiendo a leer, sumando sílabas.
O, mejor, como si estudiara astronomía, distinguiendo trazas
de nombres propios allá donde no estamos; allá
donde la suma depende de la resta.
 
Diciembre de 1985

*Interjección de las canciones de cuna rusas

Joseph BrodskyPoemas de Navidad, Visor,2006

lunes, 23 de noviembre de 2020

JACK LONDON "Cuentos completos I"

 



Si lo único que se ha leído de Jack London es su   novela Martin Eden (1909) este cuento decepciona. Mientras se lee  se oye  el eco de  Huckleberry Finn recordando a la viuda Douglas:" me cogió como hijo, y creía que iba a civilizarme; pero era duro vivir dentro de la casa todo el tiempo". Pero en el cuento de London suena sobreactuado, sin el tono creíble, veraz que emplea Mark Twain. 

Está publicado1895, Jack London tenía diecinueve años; es uno de sus primeros cuentos; está empezando, tanteando, y en muy poco tiempo -solo viviría 40 años.- llegaría a ser el  admirable escritor que es.

Su vida también es asombrosa. En  el Prólogo del primero de los tres tomos de la  completa y cuidada edición  de los Cuentos de Reino de Cordelia se lee que  publicó 197 relatos en sus veintitrés años de oficio luchando mucho sobre todo al principio   porque lo principal era  cobrar para  poder alimentar a la familia. 

Siempre tuvo que nadar a  contracorriente. Nació fuera del matrimonio en una familia de clase obrera. Pasó una infancia de pobreza y tuvo que dejar de estudiar  a los catorce años para  trabajar en una fábrica. Fue completamente autodidacta se educó en la biblioteca pública de San Francisco...viajó como marinero, estuvo en Alaska en la fiebre del oro...y finalmente fue un escritor de éxito que hizo fortuna con la literatura e  influyó en autores como Ernest Hemingway, John Dos Pasos, Somerset Maugham, George Orwell...nada menos 

Jack LondonCuentos Completos I, Reino de Cordelia,2017


EL REGRESO DE FRISCO KID


HOLA,VAGO, ¿tienes material? Necesito fumar urgentemente. Eh, estar contigo otra vez es mejor que un trabajo fijo.
¿Qué qué ha sido de mi vida? ¿Y qué dónde he mangado esta ropa tan buena? Pues fue de la siguiente forma. La suerte me dio la espalda. Me dejó tirado. Sin un centavo. Toqué tanto fondo que ya no podía caer más bajo y mi suerte cambió. Ni me habrías reconocido.
   Y abracadabra, así fue como pasó. Paré en una ciudad de mala muerte de la ruta del ferrocarril del Medio Oeste y me gafaron. Llamé a una casa para pedir algo de  desayuno y me encontré con una pelirroja. ¡Me quedé tan desconcertado que olvidé robar el jabón! en la siguiente casa a la que llamé había un tuerto y me olvidé de escupir en el sombrero. Eso acabó conmigo. Imposible estar más gafado.
   Después de eso no podía ponerme manos a la obra con nada sin que me echaran. Todo me salía mal. En una de estas, mientras recorría la pista como alma en pena, le pedí limosna a un tipo que resultó ser un poli de paisano y me cayeron treinta días. Eso me remató. Tenía muy mala fama. Nadie quería saber de mí. Me había quedado fuera del circuito.
   Cuando cumplí la condena pensaba largarme pitando del agujero aquel, pero no lo hice y así fue como me recuperé. Hasta la noche no iba a pasar por allí ningún mercancías, así que decidí ir a darme un baño. Birlé el sedal de un niño y me fui a pescar. No picaban. Ni se acercaban. No pillé nada, hasta que un viejo paleto que se había caído más arriba apareció arrastrado por la corriente y con tanta sed que se tragaba el río entero. Le lancé el sedal y lo cacé al vuelo. cuando lo saqué a tierra me dijo:
- Eres mi salvador.
-Y usted que lo diga -contesté.
- Eres un ángel
-Nos has fastidiado, pues claro que lo soy.
-Te recompensaré.
-Ahora sí que empezamos a entendernos.
El viejo me llevó a su casa y después de darle a la lengua con la parienta..., puede que te parezca un cuento chino, pero que no vuelva a ganar una  apuesta si miento..., decidieron adoptarme.
   Les conté mis miserias. ¿Que qué les dije?Les hablé de cómo mi viejo le zurraba a mi vieja cuando iba cargado y les conté lo piadosa que era ella y que siempre me decía que fuese honrado y noble, y cómo estiró la pata de tanto disgusto y que el viejo me echó a patadas y siguió bebiendo  como un pez hasta que también estiró la pata,, el muy cerdo. Sólo les conté desgracias porque porque la verdad es que a mí nadie me crió, más bien me hicieron crecer a golpes. Les dije  que por eso estaba allí, porque me habían echado a patadas.
   Entonces la vieja me abrazó y dijo: "Pobre criatura", el viejo se sonó la nariz y yo rematé la función poniéndome a llorar. Fue la guinda: todos lloramos como Magdalenas.
   La vieja que era muy buena, dijo que nadie más me echaría a patadas y el viejo dijo que tenían suficiente para poder cuidar de mí. Así que toqué fondo y cambió mi suerte.
   ¿Qué por qué no me quedé? ¿Qué me daban? Espera a que te cuente el rollo. No era ninguna ganga. Eran demasiado buenos para mí. Todas las mañanas el viejo me leía un capítulo de la Biblia y cada vez que me ponía a pensar en la pandilla, el hombre me preguntaba cuál era el último versículo y, como no lo sabía, se sentía tan herido que yo me sentía mal. Nunca prestaba atención, sólo cuando leía algo de Josué.¡Era un luchador! También me gustaba Sansón. Los barberos estaban en huelga donde vivía y era más fuerte que una locomotora. Algunas partes eran tan buenas como coomo las aventuras de Deadwood Dick y Nick Carter, y cuando llegaba a la parte en la que un viejo vivía más de novecientos años era increíble. Pero había muchas otras que me cansaban. Cuando leía cosas de los hijos, de los hijos de los hijos,de los hijos de los hijos de los hijos y los hijos que venían después, dejaba de escuchar y me dormía.
   Además no podía dejar de soltar juramentos y palabrotas, y cada vez que se me escapaba una, la vieja ponía los ojos en blanco y decía:"¡Thomas!", con gesto solemne, como si me riñera.
   Y siempre me olían el aliento para ver si había fumado. Tampoco me dejaban comer con el cuchillo en lugar del tenedor ni echar el café en el platillo. No me aprendía su estilo. Siempre metía mi propio cuchillo en la mantequilla y me olvidaba de dejar la cucharilla del azúcar en el azucarero. Además hacía ruido al masticar y eso les ponía de los nervios. Y me guardaba la servilleta en el bolsillo al terminar. Me hacían ir siempre erguido y con la cabeza alta y decían que movía demasiado los hombros al andar.
   Siempre me metía en líos con los otros chicos de la manzana.¡Es que no pasaba nada emocionante! Una vez me llevé un grupo de ellos a la valla de atrás y los hice sentar en fila, cada uno con un puñado de tabaco de mascar. A mi orden todos debían mascar, y quien aguantase más´tiempo recibiría de premio una cometa hecha por mí. ¡Tenías que haberlos visto!Cuando se acabó el tiempo no quedaba ni uno en la valla. Parecía que el cólera había  llegado al pueblo, por los enfermos que llegaron todos a casa. ¡Tenías que haber estado allí! Las madres empezaron a llegar en bandadas y pusieron a caldo a la vieja. Decían que yo corrompía a sus hijos y que era un peligro para sus vidas y propiedades.
   Me metí en muchos líos como ese, pero siempre los engatusaba y arreglaba las cosas. Quisieron mandarme a la escuela pero me expulsaron el primer día. No se rendían, siempre querían mejorarme. Estaban empeñados en hacer de mí un buen chico y yo empeñado en que no lo consiguieran.
   Al final empecé a echar de menos la carretera, la pandilla y los nuevos tiempos. Me daba un vuelco el corazón cuando oía el silbato de una locomotora y pensaba en las mercancías, en los pasajeros y me acordaba de cómo viajaba tumbado en el techo de los vagones o escondido entre las mercancías.Y me moría por jugar a los dados y apostar. Decidí que lo de la adopción no era buena idea. Un día me acordé del último guiso que había tomado con los colegas. Ya sabes, cuando Joe el de Pittsburg gorroneó las carnicerías, el Fideo de Chicago las panaderías, el Deportista de Montana las tiendas de comestibles, tú y yo afanamos pollos, el Moldeador negro se ocupó de la cerveza, Joe el Cauteloso preparó el fuego y Jack Sobrejuanete cocinó. ¡Se me hizo la boca agua! No lo soporté más, así que di esquinazo a mis padres adoptivos y me lancé al camino.
   ¡Pero si tienes ahí la vieja baraja, bien grasienta! No me importaría echar una, no.Sólo una, para tentar la suerte. Yo corto y tú reparte, Jack el Alto.
                                                              (1895)

 

jueves, 23 de julio de 2020

Charles BUKOWSKI: POETAS BLANCOS POETAS NEGROS/white poets black poets









THE WHITE POETS

the white poets usually knock quite early
and keep knocking and ringing
ringing and knocking
even though all the shades are down;
finally I arise with my hangover
figuring such persistency
must mean good fortune, a prize of some
sort -female or monetary,
"aw right! aw right!" I shout
looking for something to cover my ugly
naked body. sometimes I must vomit first,
then gargle; the gargle only makes me vomit again.
I forget it -go to the door.
"hello?"
"you Bukowski?"
"yeh.come in."

we sit and look at each other-
he very vigorous and young-
latest blooming clothes-
all colors and silk-
face like a weasel-
"you don't remember me? he
asks.
"no"
"I was here before. you were rather short. you didn't like my
poems"
"try these."
he put them on me. they were flatter than the paper they were typed upon. there wasn't a tick or a 
flare. not a sound. I'd never read
less.

"uh", I said, "uh-uh"

"you mean you don't LIKE
them?"

"there's nothing there -it's like a pot of evaporated piss."

he took the papers, stood up and walked
around. "look, Bukowski. I'll put some broads from Malibu on
seen."

"oh yeah, baby" I asked.

"yeah, yeah,"he
said.

and ran out the
door.

his Malibu broads were like his 
poems: they
never arrived.



LOS POETAS BLANCOS

los poetas blancos suelen llamar a mi puerta bastante temprano 
y siguen llamando a la puerta y al timbre 
y al timbre y a la puerta 
aunque todas las persianas estén echadas; 
al final me levanto con mi resaca, 
supongo que tal insistencia 
debe de conllevar buena fortuna, alguna clase de 
premio:femenino o monetario,
"¡vale, vale!, grito 
mientras busco algo para taparme el cuerpo feo 
y desnudo.a veces tengo que vomitar primero, 
luego hago gárgaras; las gárgaras solo me hacen vomitar 
de nuevo.
lo dejo...voy a la puerta:
-¿hola?
-¿eres Bukowski?
-sí, adelante.

tomamos asiento y nos miramos; 
es muy vigoroso y joven;
ropas a la última moda;
todo colores y seda; 
cara de comadreja;
-¿no me recuerdas?me 
pregunta.
-no.
-estuve aquí una vez.fuiste bastante brusco.no te 
gustaron mis
poemas.
-hay muchas razones para que no te gusten unos poemas 
-prueba con estos. 
me los pone delante. eran más planos que el papel en el que estaban
escritos. no había ni un matiz ni un
destello.ni un sonido.nunca había leído
menos.

-ah -dije-.ajá.

-¿quieres decir que no te GUSTAN?

-aquí no hay nada: es como un orinal después de 
evaporarse la orina.

cogió las hojas y se levantó y empezó a caminar arriba
y abajo.-oye, Bukowski. voy a traerte unas tías de Malibú
unas tías como no has visto
nunca.

-¿ah, sí, chaval? -dije.

-sí,sí-
aseguró.
y se largó por
la puerta.

sus tías de Malibú  eran como sus
poemas:no
llegaron nunca.



THE BLACK POETS

the black poets
young
come to my door-
"you Bukowski?"
"yeh.come in."

they sit and look around at the
destroyed room
and at
me.

they hand me their poems.
I read
them.

"no", I say and hand them
back.

"you don't like
them?"

"no"

"  'roi Jones came down to see us at our
workshop..."

"I hate", I say, "workshop".

"...Leroi Jones, Ray Bradbury, lots of big
boys...they said this stuff was
good..."

"it's bad poetry, man, they are powdering your
ass."

"there's this big film-writer too.he started the whole
idea: Watts Writers' Workshop."

"ah, god, don't you see? they are tickling your
assholes! you should have burned the whole town
down! I'm sick of it"

"you just don't understand
the poems..."

"I do, they are rhymers, full of
platitudes. you write bad
poetry".

"look muthafucka, I been on the radio, I been printed in L.A.
Times!"

"oh?"

"well, that happened to
you?"

"no."

"o.k.,muthafucka, you ain't seen the last of
me!"

I suppose I haven't.and it's useless to tell you that I am not
anti-black
because
somehow
that's when the whole subject becomes
sickening,



LOS POETAS NEGROS

los poetas negros
jóvenes
vienen a mi puerta:
-¿eres Bukowski?
-sí, adelante.

se sientan y miran la 
habitación destrozada 
y a
mí.

me pasan sus poemas.
los
leo.

-no-digo, y se los 
devuelvo.

-¿no te
gustan?

-no

-'roi Jones vino a vernos a nuestro
taller...
-odio -digo-.
los talleres.

-...Leroi Jones, Ray Bradbury, un montón de tipos importantes...dijeron que nuestra obra era buena...

-es poesía mala, tíos. os están dando palmaditas en 
la espalda.

-también hay un guionista importante de cine. el puso en
marcha todo el
tinglado: el Taller Literario Watts.

-ay, dios, ¿no lo veis?¡os están dando vaselina 
en el ojete!¡tendríais que haber quemado toda la 
ciudad!¡estoy harto!

Lo que pasa es que no entiendes  
los poemas...

-claro que sí, tienen rimas, están llenos 
de tópicos, escribís mala
poesía.

-¡mira, hijoputa, he ido a la radio, me han publicado en
el L.A.
Times!

-¿ah, sí?
-bueno, lo has
conseguido tú?

-no.

-¡vale, hijoputa, volveremos a
vernos!

me parece que no nos hemos visto.y no merece la pena
decir que no tengo nada 
contra los negros 
porque 
de algún modo 
es ahí donde todo el asunto se vuelve
asqueroso.






Mockingbird Wish Me Luck: Amazon.es: Bukowski, Charles: Libros en ...Ruiseñor, deséame suerte
CH. Bukowski, Mockingbird wish me luck, HarperCollins (original inglés.)
Ch.Bukowski, Ruiseñor, deséame suerte,Visor (versión sólo en español.)