" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

domingo, 6 de julio de 2008

TRUMAN CAPOTE, sobre el oficio de escribir

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Truman CAPOTE hablaba de la angustia del escritor ante el vacío de que parte la escritura: 

"Es una vida muy penosa enfrentarse todos los días con una hoja en blanco, rebuscar entre las nubes y traer algo aquí abajo."

Pero lo mismo podría haber escrito:
Es una vida muy penosa enfrentarse todos los días con una hoja en blanco, sumergirse en las profundidades de uno mismo, rebuscar en la oscuridad del fondo, y de allí subir algo aquí arriba.

Porque así trabajan los creadores, pero tal vez más de la segunda forma, después de haber practicado la primera. Al final es el tamiz de uno mismo quien sedimenta los materiales proporcionados por todo tipo de experiencias, y que luego regurgita  sobre el papel.Pero este proceso para el profundo-frívolo y brillante Capote no debió ser tan doloroso o  al menos, permanente, porque más adelante afirmó:

"Durante toda mi vida he sido consciente de que podía coger un montón de palabras y tirarlas al aire con la seguridad de que caerían en la posición correcta. Soy un Paganini de la semántica."


De Conversaciones íntimas con Truman Capote, Anagrama,es lo siguiente:
"Cuando publicó "Otras voces, otros ámbitos" en 1948, a los 23 años, el Heral Tribune de Nueva York la calificó como "la más apasionante primera novela de un joven norteamericano en muchos años".

" Había imágenes y frases deslumbrantes:las "desvencijadas ruedas de un carro levantaban nubes de polvo que pendían en el aire verde como bronce triturado". El rostro de un hombre negro "era como una manzana negra y pasada, casi deshecha; la frente bruñida relucía como si una luz púrpura destellase bajo la piel; estaba inclinado y su postura de hoz daba la impresión de que tenía la espalda quebrada: un enano triste y pequeño, con la espina dorsal rota y baldado por la edad."

Su contemporáneo Willian Styron quedó impresionado porque aquel joven escritor hubiese llegado completamente maduro a la escena literaria, y le calificó de "escritor extraordinariamente dotado, de talento casi único,"
"Era un consumado maestro del lenguaje antes de que tuviera edad para votar", dijo Styron. "Casi me puse enfermo de envidia. Podía hacer bailar y cantar las palabras, cambiar misteriosamente los colores, realizar actos de magia, provocar la risa, producir escalofríos, conmover el corazón."




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