" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

jueves, 11 de diciembre de 2008

Sandor MARAI / 28 y 31 de Marzo de 1985, San Diego, California

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Con El Último Encuentro,(1942), muchos lectores descubrieron en España a Sándor Márai en 1999. Algunos quedaron enganchados para siempre al autor húngaro, emigrado a Estados Unidos, y  le siguieron fielmente a medida que las distintas novelas iban apareciendo en Editorial Salamandra.Lecturas sucesivas  confirmaron  el interés del autor y su calidad literaria.

Recordaba, lejanamente, a Stefan Zweig, por su capacidad narrativa, por el grado de lucidez y sensibilidad. También ambos terminaron suicidándose en América pero en contextos y con implicaciones muy diferentes.

En 2004,apareció en español la primera parte de sus  memorias, Confesiones de un burgués y en 2006, la segunda parte ¡Tierra, Tierra!.  Ahora, Diarios 1984-1989, la última parte de sus escritos autobiográficos. Aunque la fecha final de los diarios sea el ya mítico 1989, la última  entrada, que coincide con el punto final de su vida, es de enero de ese año, por lo que no llegó a conocer el derrumbamiento del telón de acero , tras del cual, diferentes regímenes políticos,de distinto signo pero todos totalitarios, habían amargado su vida.De haber vivido hasta el 9 de noviembre, tal vez la fatal decisión final hubiera sido otra, aunque no fuera más que por curiosidad.

Estos Diarios 1984-1989 de un hombre inteligente, sensible y culto muestran la visión del mundo en los últimos años de su vida,ensombrecidos por la  falta de reconocimiento de su obra, y están llenos de lucidez escéptica y emoción contenida.Qué poco podía imaginar la frecuencia y el éxito de sus ediciones actuales. Como muestra se ofrecen dos entradas consecutivas de los diarios, correspondientes a el 28 y el 31 de Marzo de 1985:



28 de marzo


El viento es helado como el puñal de un sicario mafioso. Marzo es el mes de las revoluciones, de los laxantes y el pesimismo.


Detestaba a Hegel, a quien consideraba un mero charlatán. Sin duda respetaba a Platón y a Kant, pero desde una distancia prudencial. Aunque a regañadientes, aceptaba a Goethe, quien al final de su vida, en la que tan inclinado se mostró a la búsqueda de aventuras, no tuvo inconveniente en recibir en Fráncfort la visita de su nuera Ottilia, por entonces ya viuda. La vida sexual del maestro fue impulsiva; supo establecer contactos pero no vínculos.

Schopenhauer fue uno de los grandes iconoclastas del siglo XIX: supo destruir una visión del mundo de manera convincente pero no construyó otra verdaderamente original para sustituirla. "¿Usted todavía necesita a Dios?", pregunto furioso a un filósofo rival. La imagen del Dios antropomorfo le parecía humillante, tanto para Dios como para el hombre.


31 de marzo


Como visitantes que van a ver al condenado en el corredor de la muerte, llegan las cartas y los artículos periodísticos dándome ánimos en ocasión de mi octogésimo quinto aniversario; siguen pensando en mí.¡Ánimo! Resiste, me dicen. Me da la impresión de que algunos incluso me dan consejos sobre qué menú debo elegir para la última comida. Hay algo grotesco en todo este interés.


Para Schopenhauer, los "bípedos" -excepto él mismo y tal vez Kant- eran parásitos mezquinos, bestiales, codiciosos e ignorantes. Y la gran mayoría sin duda lo es. Sin embargo, parece olvidar que no es la mayoría la que cuenta, sino siempre y en todos los tiempos aquellos pocos que son diferentes.



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