" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

miércoles, 24 de febrero de 2016

Joseph BRODSKY: el poder sutil de la poesía sobre la prosa




Los ensayos de Joseph Brodsky, -como sus poemas-, sorprenden cada vez y contagian   interés por la poesía y los poetas.Son  páginas de análisis certeros,y brillantes y -en su mayor parte-, asequibles para un lector interesado.Y aun cuando alguna vez  se le siga con dificultad porque descienda a las aguas más profundas, (como en Un poeta y la prosa,  La canción del péndulo, Versal, en que se interna en la escritura -verso y prosa- de   Marina Tsvietáieva) , en ningún momento se percibe nada  que no sea esencial, necesario y valioso. 
Brodsky  que sostenía  que el mejor modo de educar el gusto literario es leer poesía, en el recuerdo que dedica a la viuda de Osip Mandelstam -"Nadeyda Mandelstan (1899-1980).Una necrológica"-,  señala  y relaciona  cómo la aparición "repentina" de la gran prosa rusa del siglo diecinueve estuvo  precedida en Rusia por un periodo especialmente radiante de la poesía. 
Y mientras recuerda la inseguridad permanente y la extrema pobreza en que vivió esta viuda de "enemigo del pueblo", muestra cómo tener que memorizar -e interiorizar-  los poemas de su esposo y de su amiga Ajmatova para que sobrevivieran al peligroso y gélido silencio de  la censura oficial, la acabó convirtiendo en la escritora tardía de Contra toda esperanza. Como si  la poesía que "precede siempre a la prosa", transformada en una parte de sí misma, le hubiera marcado una senda literaria ineludible .

                            
Joseph Brodsky (1940-1996)




Nadeyda Mandelstan (1899-1980).Una necrológica


"...Pero no fue únicamente esa devoción por la justicia lo que la empujó a sentarse, a los sesenta y cinco años, y a emplear el tiempo de suspensión temporal de sentencia para escribir aquellos libros.Lo que les dio existencia fue una recapitulación, a escala individual, del mismo proceso que ya había tenido lugar una vez en la historia de la literatura rusa.Y cuando digo esto recuerdo la aparición de la gran prosa rusa de la segunda mitad del siglo diecinueve. Aquella prosa que parece salida de ninguna parte, como un efecto sin causas detectables, no fue sino fruto de la poesía rusa del siglo diecinueve. Marcó el tono de todo lo que se escribiría después en ruso y lo mejor de la literatura rusa puede considerarse un eco distante y una elaboración meticulosa de la sutileza psicológica y léxica ofrecida por la poesía rusa del primer cuarto de aquel siglo. "La mayoría de los personajes de Dostoievski son héroes de Pushkin más viejos, Oneguins y otros por el estilo", solía decir Anna Ajmatova. 

Osip Mandelstam (1891-1938)
Nadezhda Mandelstam (1899-1980)
                                     

La poesía precede siempre a la prosa y así fue también en la vida de Nadeyda Mandelstam en más de un aspecto. Como escritora, al mismo tiempo que como persona,ella es una creación de dos poetas  a los que su vida estuvo inexorablemente atada: Osip Mandelstam y Anna Ajmatova, y ello no tan solo por el hecho de que el primero era su marido y la segunda su amiga de toda la vida. Después de todo, cuarenta años de viudedad podrían oscurecer los recuerdos más felices ( y en el caso de su matrimonio fueron pocos y distanciados, aunque solo fuera por el hecho de que el matrimonio coincidió con la ruina económica del país, causada por la revolución, la guerra civil y los primeros planes quinquenales). Por otra parte, hubo años enteros en que no vio para nada a Ajmatova y una carta habría sido lo último en lo que poder confiar. El papel era, en general, peligroso. Lo que reforzó el vínculo de aquel matrimonio así como de aquella amistad, fue la tecnicidad (sic):la necesidad de confiar a la memoria lo que no se podía confiar al papel, es decir, los poemas de ambos autores.

Nadeyda Mandelstam no era ciertamente la única que lo hacía en aquella "época anterior a Gutenberg", para decirlo con palabras de Ajmatova. No obstante, el hecho de repetir noche y día las palabras de su esposo difunto no solo estaba indudablemente relacionado con la circunstancia de entenderlas cada vez más, sino con la de resucitar la voz de él, aquellas entonaciones que solo eran peculiares en él, junto con la sensación, por efímera que fuese, de su presencia y con la comprobación de que él mantenía su participación en aquel acuerdo de "para lo mejor y lo peor" y, de ma nera especial, de su segundo término. Lo  mismo ocurrió con los poemas de la amiga físicamente ausente, Ajmatova, puesto que una vez en marcha, aquel mecanismo de la memorización ya no conoció freno. E igual sucedió con otros autores, otras ideas, otros principios éticos...,todo cuanto no podía sobrevivir de otra manera.

Aquellas cosas fueron creciendo gradualmente dentro de ella. Si hay un sustituto del  amor se llama memoria. Recordar de memoria es , pues, restablecer la intimidad. Gradualmente, los versos de aquellos poetas se convirtieron en su mentalidad, en su identidad. No solo le aportaron el plano visual o ángulo de visión sino que -lo cual es más importante- se convirtieron en su norma lingüística. Así que, cuando se puso a escribir sus libros, estaba en condiciones de evaluar las oraciones que escribía -en aquel tiempo de una manera inconsciente, instintiva- por comparación con las de ellos.La claridad y ausencia de remordimiento, al mismo tiempo que reflejan su actitud mental, son también consecuencias estilísticas inevitables de la poesía que había conformado aquella mente. Tanto en su estilo como en su contenido, sus libros no son sino una postdata de la versión suprema del lenguaje que es esencialmente la poesía y que pasó a convertirse en su propia carne al aprender de memoria los versos de su marido." 


Joseph BrodskyMenos que uno, Versal, 1987.