" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

sábado, 24 de enero de 2009

JUAN RULFO: "El llano en llamas", un cuento muy corto

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La obra de Juan Rulfo está formado por unas pocas páginas, exactamente 272,las que suman sus obras El llano en llamas y Pedro Páramo en la edición del F.C.E. En 1953 publicaría el primero, un librito de cuentos, que antecedió en dos años a Pedro Páramo, la novela corta que le consagraría definitivamente como uno de los grandes escritores en español, según Borges, Cortázar, García Márquez..., por citar algunas opiniones entusiastas y de peso.


Frida Kahlo


Cualquiera de los cuentos sobre la vida campesina mexicana que forman El llano en llamas sería memorable, para mostrar la  capacidad de un idioma para ser diverso y uno, capaz de trasmitir expresivamente realidades distintas y permanecer inteligible para casi cuatrocientos millones de hablantes.

En el caso de Juan Rulfo es México quien enriquece el idioma , pero podría suceder lo mismo, casi veinte veces, por cada país de hispanoamérica, sin contar otras variantes más próximas.Para comprobar este hecho  se puede leer un cuento cualquiera de los que componen El llano en llamas; éste se ha sido elegido, sólo, por su brevedad porque la excelencia es común a todos y la capacidad de Rulfo para trasmitir emociones   y desgarro   también

Y ahí están esos dos tomos delgados pero tan sólidos y poderosos que forman un mundo capaz de llevar lejos hacia otras realidades,  impensables, antes para el lector.Se abre el libro, se empieza a leer y se abandona la propia orilla...



ACUÉRDATE



ACUÉRDATE de Urbano Gómez, hijo de don Urbano, nieto de Dimas aquel que dirigía las pastorelas y que murió recitando el "rezonga ángel maldito" cuando la época de la influenza. De esto hace ya años, quizá quince. Pero te debes acordar de él. Acuérdate que le decíamos el Abuelo por aquello de que su otro hijo, Fidencio Gómez, tenía dos hijas muy juguetonas: una prieta y chaparrita, que por mal nombre le decían la Arremangada, y la otra que era rete alta y que tenía los ojos zarcos y que hasta se decía que ni era suya y que por más señas estaba del hipo. Acuérdate del relajo que armaba cuando estábamos en misa y que a la mera hora de la Elevación soltaba su ataque de hipo, que parecía como si se estuviera riendo y llorando a la vez, hasta que la sacaban afuera y le daban tantita agua con azúcar y entonces se calmaba. Ésa acabó casándose con Lucio Chico, dueño de la mezcalera que antes fue de Librado, río arriba, por donde está el molino de linaza de los Teódulos.

Acuérdate que a su madre le decían la Berenjena porque siempre andaba metida en líos y de cada lío salía con un muchacho. Se dice que tuvo su dinerito pero se lo acabó en los entierros, pues todos los hijos se le morían de recién nacidos y siempre les mandaba cantar alabanzas, llevándolos al panteón entre músicas y coros de monaguillos que cantaban "hosanas" y "glorias" y la canción esa de "ahí te mando Señor, otro angelito". De eso se quedó pobre, porque le resultaba caro cada funeral, por eso de las canelas que les daba a los invitados del velorio. Sólo le vivieron dos, el Urbano y la Natalia, que ya nacieron pobres y a los que ella no vio crecer, porque se murió en el último parto que tuvo, ya de grande, pegada a los cincuenta años.

La debes haber conocido , pues era re alegadora y cada rato andaba en pleito con las marchantas en la plaza del mercado porque le querían dar muy caros los jitomates, pegaba de gritos y decía que la estaban robando. Después, ya de pobre, se le veía rondando entre la basura, juntando rabos de cebollas, ejotes ya sancochados y alguno que otro cañuto de caña "para que se les endulzara la boca a sus hijos". Tenía dos, como ya te digo, que fueron los únicos que se le lograron. Después no se supo ya de ella. 

Ese Urbano Gómez era más o menos de nuestra edad, apenas unos meses más grande, muy bueno para jugar a la rayuela y para las trácalas. Acuérdate que nos vendía clavellinas y nosotros se las comprábamos, cuando lo más fácil era ir a cortarlas al cerro.Nos vendía mangos verdes que se robaba del mango que estaba en el patio de la escuela y naranjas con chile que compraba en la portería a dos centavos y que luego nos las revendía a cinco. Rifaba cuanta porquería y media traía en la bolsa: canicas ágatas, trompos y zumbadores y hasta mayates verdes, de esos a los que se les amarra un hilo en una pata para que no vuelen muy lejos. Nos traficaba a todos. Acuérdate.

Era cuñado de Nachito Rivero, aquel que se volvió menso a los pocos días de casado y que Inés, su mujer, para mantenerse, tuvo que poner un puesto de tepache en la garita del camino real, mientras Nachito se vivía tocando canciones todas desafinadas en una mandolina que le prestaban en la peluquería de don Refugio.

Y nosotros íbamos con Urbano a ver a su hermana, a bebernos el tepache que siempre le quedábamos a deber y que nunca le pagábamos, porque nunca teníamos dinero. Después hasta se quedó sin amigos, porque todos, al verlo, le sacábamos la vuelta para que no fuera a cobrarnos.

Quizá entonces se volvió malo, o quizá ya lo era de nacimiento.

Lo expulsaron de la escuela antes del quinto año, porque lo encontraron con su prima la Arremangada jugando a marido y mujer detrás de los lavaderos, metidos en un aljibe seco. Lo sacaron de las orejas por la puerta grande entre la risión de todos, pasándolo por en medio de una fila de muchachos y muchachas para avergonzarlo. Y él pasó por allí, con la cara levantada, amenazándonos a todos con la mano y como diciendo : "Ya me las pagarán caro."

Y después a ella, que salió haciendo pucheros y con la mirada raspando los ladrillos, hasta que ya en la puerta soltó el llanto; un chillido que se estuvo oyendo toda la tarde como si fuera un aullido de coyote.
Sólo que te falle mucho la memoria, no te has de acordar de eso.
Dicen que su tío Fidencio, el del trapiche, le arrimó una paliza que por poco lo deja parálisis y que él, de coraje, se fue del pueblo.

Lo cierto es que no lo volvimos a ver sino cuando apareció de vuelta por aquí convertido en policía. Siempre estaba en la plaza de armas, sentado en una banca con la carabina entre las piernas y mirando con mucho odio a todos. No hablaba con nadie. No saludaba a nadie. Y si uno lo miraba, él se hacía el desentendido como si no conociera a la gente.

Fue entonces cuando mató a su cuñado, el de la mandolina. Al Nachito se le ocurrió ir a darle una serenata, ya de noche, poquito después de las ocho y cuando todavía estaban tocando las campanas el toque de Ánimas.Entonces se oyeron los gritos, y la gente que estaba en la iglesia rezando el rosario salió a la carrera y allí los vieron: al Nachito defendiéndose patas arriba con la mandolina y al Urbano mandándole un culatazo tras otro con el máuser, sin oír lo que le gritaba la gente, rabioso como perro del mal. Hasta que un fulano que no era ni de por aquí se desprendió de la muchedumbre y fue y le quitó la carabina y le dio con ella en la espalda, doblándolo sobre la banca del jardín donde estuvo tendido.

Allí lo dejaron pasar la noche. Cuando amaneció se fue. Dicen que antes estuvo en el curato y que hasta le pidió la bendición al padre cura, pero que él no se la dio.

Lo detuvieron en el camino. Iba cojeando, y mientras se sentó a descansar llegaron a él. No se opuso. Dicen que él mismo se amarró la soga en el pescuezo y que hasta escogió el árbol que más le gustaba para que lo ahorcaran.
Tú te debes acordar de él, pues fuimos compañeros de escuela y lo conociste como yo.

                               Frida Kahlo



Enlaces relacionados:
Juan Rulfo: el cuento de nunca acabar 
Juan-Rulfo y Rufino-Tamayo-



  RULFO,J.:El llano en llamas. Fondo de Cultura Económica.

miércoles, 14 de enero de 2009

UNA LECTURA POCO HABITUAL: UN TRATADO SOBRE LA BELLEZA DE LOS NÚMEROS Y…ALGO MÁS.

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                                                                Editorial Funambulista



Se lee algo de un libro que trata de un matemático de élite que habla de matemáticas con su asistenta y su hijo de diez años…y le entienden y… se siente curiosidad. Luego la faja que abraza la portada, en rojo, dice, que es la tercera edición y que en Japón se han vendido dos millones de ejemplares y… se desconfía…pero también dice que es premio de la sociedad nacional de matemáticas (japonesa) y la curiosidad y la confianza vuelven...y se empieza a leer y se continúa …hasta el final .


Se trata de La fórmula preferida del profesor, de editorial Funambulista. La edición es excelente: el papel, la letra, los márgenes y el precio razonable, algo más de 13 €.,Las editoriales pequeñas tan preocupadas en buscar la calidad pensando en el lector, merecen tener éxito.

La fórmula preferida del profesor,de YOKO OGAWA, es un libro peculiar, poco habitual en el que sorprende la lucidez cristalina de la mente de la autora y la capacidad para conjugar una inteligencia muy dotada para la abstracción, con un conocimiento hondo de la psicología humana y un lirismo leve y sutil salpicado por las páginas en breves comentarios que crean imágenes poderosas pero delicadas y musicales como haikus...

Es fácil recomendar su lectura. Todo el libro es un elogio de la mente humana creativa, capaz de construir un monumento inmaterial , pero tangible,  a la belleza al inventar los números , sus clases, sus significados,y sus relaciones. Al atender con su invención una parte práctica y útil, pero otra , lo que es admirable, puramente especulativa, el pensamiento por el pensamiento, el conocimiento por el conocimiento; un homenaje al cerebro humano, la única materia que se piensa a sí misma. Y buscando la elegancia en la expresión sencilla de la complejidad, sin ningún elemento innecesario; en enunciados condensados y depurados al máximo, como en la fórmula de Euler o en esas aventuras, puramente mentales del Último Teorema de Fermat, capaz de atravesar siglos apasionando a gentes que buscan su solución y a un público limitado pero interesado que espera con emoción sea encontrada.

Otro aspecto interesante del libro es palpar cómo el conocimiento se trasmite por el entusiasmo y que la mejor forma de aprender, incluso matemáticas, es por contagio. La fórmula preferida del profesor es especialmente recomendable:
*para quienes odian las matemáticas,
*para los que las adoran, y
*para los entusiastas incondicionales del béisbol.
-. Lo que sigue es una muestra :



[-]“Cuando no está Root, siento que mi corazón está vacío –dije. 

-¿Vacío significa que se reduce a 0 [cero]? –murmuró el profesor a pesar de que yo no le había preguntado nada en concreto- Es decir, ahora existe un 0 dentro de ti ¿es eso? 

-Sí, creo que sí, bueno casi…-asentí con la cabeza vagamente. 
-¿No te parece que el hombre que descubrió el 0 era grandioso? 
-¿No existía el 0 desde siempre? 
-¿A qué te refieres con desde siempre? 
-Pues…quizás desde que nació el ser humano ha existido el 0… 
-Entonces, ¿tú crees que ya existía el 0 cuando apareció la especie humana, como las flores o estrellas? ¿Crees que pudo conseguirse tal belleza sin hacer ningún esfuerzo? ¡qué clase de idea es esa! Deberías estar todavía más agradecida a la grandeza del progreso humano. Por mucho que lo agradecieras, nunca sería suficiente. No es un castigo de Dios, sabes… 

El profesor incorporó la parte superior del cuerpo y se rascó el pelo. Aquello le parecía lamentable de verdad. Como la caspa estaba a punto de caer en el plato del melón, lo deslicé deprisa debajo de mi silla. 
-¿Y quién lo descubrió? 
-Fue un matemático indio desconocido. Fue él quien salvó a las matemáticas griegas de ser quemadas en las revueltas de los paganos, fue él quien resucitó los teoremas perdidos y además descubrió nuevos teoremas. Todos los matemáticos de la Grecia antigua pensaban que era innecesario calcular la nada. Como no existe la nada, tampoco es posible expresarla con números. Pero hubo personas que dieron la vuelta a esa lógica tan razonable. Él fue capaz de expresar la nada con un número. Hizo existir la no existencia. ¿No te parece maravilloso? 
-Sí, lo es. 
Estaba de acuerdo con él, pero no sabía por qué aquel matemático indio desplazaba a Root en sus preocupaciones. Yo ya había aprendido por experiencia que cualquier cosa que el profesor exponía apasionadamente resultaba, sin falta, magnífica. 
-Así que gracias a que ese gran maestro indio descubrió el 0 en el cuaderno de Dios se pudieron hojear páginas que nunca habían sido abiertas hasta entonces. 
-Eso es. Fue exactamente tal como acabas de decirlo. Eres realmente inteligente. Te falta el sentimiento de agradecimiento, pero tienes suficiente audacia para entender el conjunto de las matemáticas. Mira esto, míralo sólo un momento. 
Sacó un lápiz y un papel de bloc del bolsillo pechero. Era un gesto que le había visto muchas veces. También era el momento en el que parecía más elegante. 
-El poder distinguir entre estos dos números se debe al 0. 
Los números que escribió, utilizando el reposa brazos como soporte, fueron el 38 y el 308. El 0 estaba subrayado con dos líneas…”.[-]








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