" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

martes, 15 de mayo de 2012

"Un uruguayo en España" -Juan Carlos Onetti- recuerda a Joaquín Torres García




Juan Carlos Onetti, Montevideo 1909, muy joven,antes de decidirse por la literatura,se interesó por las artes plásticas y tuvo una relación estrecha con el gran artista uruguayo, Joaquín Torres García. Por pintorescos motivos fue encarcelado en Uruguay y tras su trabajada liberación  llegó a España en 1975 y vivió ya  en Madrid hasta su muerte en 1994. Obtuvo el Premio Cervantes de Literatura en 1980.

En el Tomo III de las obras completas editadas por Galaxia Gutenberg que contiene cuentos y artículos se encuentra esta semblanza de Torres García ,  en la sección Un uruguayo en España. Es un testimonio  brillante y un recuerdo emocionado de Onetti  que por su sinceridad y talento emociona  al lector. Agudo, brillante, seco, con un humor ladeado, entre tímido y caústico, así se puede imaginar era, en ocasiones, Onetti...

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                           La esfera, la pirámide, el cubo...


Infidencia sobre Torres García. 
Son varias y no todas las que recuerdo. Para empeorar, infidencias en relación a un muerto -muy querido en mi caso- que , como es hábito, no puede refutar ni defenderse.

Pero sé muy bien que don Joaquín Torres-García, que no está en ningún lado, se encuentra pintando y maldiciendo, siempre sonriente en el fondo, en algún círculo que Dante olvidó para refugio de santos y profetas.  
La infidencia inicial consiste en el simple relato de mi primer encuentro o choque con Torres García y su tribu. Sucedía de noche, en mitad de la tercera década, tal vez el mismo día en que este hombre de inagotable fe y entusiasmo regresó definitivamente a Montevideo. Estábamos en un caserón sin muebles, acaso despojado por los innumerables fantasmas que Torres-García estaba condenado a llevar consigo. Nos ayudaba una bujía desnuda y ya polvorienta colgada en mitad del cuarto; nos sentábamos en maletas o cajas de embalar con retintas, quemadas, incomprensibles palabras. Algún plato de belleza incongruente me sirvió de cenicero. Recuerdo que Torres-García habló durante horas; aparte de la pintura nunca le conocí otro vicio.  
El Uruguay elegido. Aquella noche distante y nunca olvidada yo era joven, necesitado de discusiones, incapaz de comprender y respetar la grandeza de aquel hombre obsesionado que murió sin conocer más derrota que ésa.  
Contra sus afirmaciones, contra sus frases rotundas y alegres sólo pude levantar parapetos de ideas corrientes. Yo ya estaba queriendo a Torres-García, ya estaba temeroso de su posible fracaso montevideano. Con dulzura, quise expulsarlo de su patria y de su ambición: "Váyase a Perú, a México, a Guatemala. En esos países existieron culturas que pueden emparejarse con su concepción del arte. En el Uruguay nunca hubo una civilización indígena. Aquí, si a una señora se le rompe la infaltable maceta de malvones la tira en un basural. Y unos años después algún prevenido descubre un fatigado borde de barro, publica un artículo, un ensayo, un libro hablando de la cultura artística de los indios charrúas".  
Usé otros elementos disuasivos, sabiendo que resultarían inútiles. Traté de explicarle que el ambiente literario, filosófico, artístico de nuestra querida patria común equivalía a cero. Que su mensaje no encontraría eco. 

A todo esto, en lugar de recoger maletas y cajas marineras, Torres-García respondió, como en una partida de ajedrez, con un jaque mate que, horas después, en algún café o reflexionando en mi cama, me pareció levemente tramposo.  
Torres-García me había dicho que justamente le interesaba el Uruguay, Montevideo, porque no teníamos un pasado de civilización india, porque las culturas indígenas que yo había mencionado podían considerarse completas, terminadas, gracias a una barbarie cuyo mérito no viene al caso recordar. Pero que, misteriosamente, continuaban vivas, imponiendo modos de ver y sentir. Y él no quería imposiciones de ninguna clase. Buscaba hacer surgir de la nada un arte nuevo que tal vez tuviera siglos de edad. En fin, el constructivismo era el único dios verdadero y Torres-García su profeta.  
Acepté mi derrota; por otra parte me resultaba injusto y cruel decirle a una persona como Torres-García, que volvía al Uruguay cargado con su pobreza material y tan joven de ilusiones y voluntades, que el resultado de su admirable aventura iba a ser el fracaso. Además, esta elección significaba un regalo para todos nosotros; un regalo que el país sigue sin merecer.  

Pensaba que intentar desilusionarlo era una de las formas de la infamia. En eso quedó, aquella noche, la discusión. Luego él me mostró algunos de sus cuadros —cartones sin marcos— y ya nos hundimos en el constructivismo.  

         Afortunadamente, poco después me demostró que, por lo menos en parte, él tenía razón. Mi habitual pesimismo fue desmentido por un grupo de gente que comprendió o pudo intuir quién y qué era Torres-García. Lo ayudaron con dinero, difundieron la noticia. Así se formó el taller. Muchos pintores o presuntos, ellas y ellos, todo jóvenes lograron un caballete y las negativas del maestro. "Así no; comienza de nuevo". 

Porque todos ellos estaban regresando del folklore, del academismo, de dulces paisajes con rancho y ombú, con vacas extrañadas y algún caballo atado al palenque. Algunos de los discípulos pagaban las lecciones; otros eran más pobres que Torres-García. El maestro nunca supo distinguir. El Constructivismo a todos y por igual.  
Es indudable que las raíces filosóficas, estéticas —y también se puede hablar de poesía— no eran comprendidas de verdad por todos los alumnos. Pero intuían que alguien les estaba abriendo ventanas para interpretar el mundo con mayor rigor, con una nueva claridad.  
De modo que el pequeño taller —me refiero a su espacio físico— comenzó a funcionar y los Torres-García no se murieron de hambre; sólo languidecían. Pero cosas tan buenas nunca pueden durar. Una mala tarde el maestro entró en el salón y descubrió sin demora que una de sus discípulas —luego, excelente pintora— estaba entregada a la herejía de trabajar en un cuadro superrealista. No hubo explicaciones. Sin gritos, Torres-García los expulsó a todos, liquidó el primer taller. Acaso haya hecho derramar agua bendita sobre óleos, pomos y bocetos.  
 A pesar de haber quedado, como al llegar, económicamente desvalido, creo que este aspecto material del asunto no fue excesivamente doloroso para Torres-García, porque, según mis tristes experiencias gastronómicas, en su casa se daba muy poca importancia a la comida. Eran felices con un poco de lechuga, de zanahoria y de tomate. Recuerdo perfectamente una noche en la que me quedé conversando hasta muy tarde, por lo cual decidieron que debían invitarme a cenar y que, en mi calidad de visitante, yo tenía derecho a comer más o menos en serio. No podían ofrecerme solamente el tomate, la lechuga, la zanahoria y la remolacha habituales: había que hacer una excepción con un degenerado como yo, no vegetariano. Resolvieron que había que ir a una fiambrería para comprar un poco de jamón, y agasajar así al huésped. ¡Todo fue entonces tan hermoso! No hubo discusión, pero sí, como en el buen fútbol, el pase oportuno de la pelota. Eran todos niños. Uno decía: 

—No, ve tú a comprar el jamón que yo estoy muy cansado. 
—¿Tú cansado? Si no hiciste nada en todo el día. Anda, ve por el jamón.  Cuando, finalmente, la tarea de conseguir el jamón cayó sobre Ifigenia, me vi obligado a intervenir y a decir rotundamente que no. Terminamos la noche conversando, como siempre. No había necesidad de más con Torres-García.  
Como Juan Ignacio Tena se enteró de otra anécdota —o subanécdota—, y se refiere a ella en una carta reciente, la amistad me obliga a recordarla, aunque se crea que, al hacerlo, cometo un autoelogio. La historia en realidad fue así: se hizo, en tiempos de la guerra, una exposición de pintores franceses en Montevideo. Tengo entendido que esa muestra fue traída —creo que por Louis Jouvet—, para soslayar el peligro de que Hermann Göring se llevara todos los cuadros para su casa o para Nuremberg. Fui inmediatamente, como es de suponer, a ver aquellas obras, movido por un interés tan grande que era casi una angustiosa ansiedad. Nunca podré olvidar el autorretrato de Cézanne, L’homme Chapeau melon, porque es una de esas cosas que nos enloquecen verdaderamente, en la medida que trastornan todas las ideas preconcebidas que pudiéramos tener sobre el acto de pintar y de escribir. Por eso comprendo la ligazón que, en Cézanne, Hemingway ve entre la pintura y la literatura. Sentí que el hombre que había pintado aquel autorretrato me estaba enseñando algo indefinible, que yo podría aplicar a mi literatura.  
Después de visitar la exposición fui a casa de Torres-García y comenté al gran maestro todo lo que había visto. ¡Dios Todopoderoso!, él era un gran pintor y yo no soy ni un gran pintor ni un gran escritor, pero hablaba y hablaba diciendo todo lo que sentía. Torres-García me abrumó a preguntas, con ese sentido bondadoso de la burla que lo caracterizaba. Eran suaves preguntas, pero que me hacían presentir la cáscara de banana o el piso enjabonado. Como yo era joven —juro que era joven en aquel tiempo—, respondía a todo casi brutalmente, sin pensar en la reacción que podía provocar en aquel hombre que sabía todo lo que humanamente se puede saber de la pintura. Cuando se me terminaron las palabras, Torres-García sonrió, dejó de mirarme, inclinó la cabeza hacia un costado y, dirigiéndose a un grupo de amigos que allí se encontraban, dio su veredicto: "¡Qué cosa más extraña! Este Onetti, que no sabe nada de pintura, no se equivoca nunca".  

Después pude comprobar que era un hombre incapaz de mentir y, desde entonces, me atribuyo, creo que legítimamente, el don de ser analfabeto en pintura, y de no equivocarme nunca. ¡Ojalá pudiera decir lo mismo de la literatura y que también en ella —que es la tarea de mi vida—, mi infalibilidad fuera proporcional a mi ignorancia! 
Y para los que no me creen hoy, para los que me creerán mañana, para los gustosos de chismes y para los que deseen sujetar la punta del ovillo de la verdad —tan traicionera a veces—, una infidencia casi postrera.  
Cuando en Barcelona de su juventud Torres-García cortejaba a Manolita, su esposa y viuda, ella distraía sus frases de amor coqueteando con un inmundo perro faldero. Cuando Torres-García se hartó de femeninos desvíos, cuando quiso un sí o un no, en lugar de la impuesta tontería hembril, tiró al perro por la ventana y preguntó por última vez. 

Como en los cuentos de hadas, Manolita y el arte le dijeron que sí. 

                                                                                                    Mayo de 1975


revolución copernicana de los mapas, los planisferios, las cartas marinas, los paralelos, y los meridianos...,desconcertados, al pensarse así, por primera vez. 
Torres García: imaginación, geometría, colores primarios, maderas, líneas precisas para definir el mundo y  poesía..., así es su constructivismo.Mientras, la tierra gira, el continente flota en los océanos y en la noche/día del sistema solar y del  cosmos  es contemplado por el sol, la luna y las estrellas. (i.ch)


 Otros enlaces interesantes:


martes, 17 de abril de 2012

"Yo y mi biblioteca"



Este artículo de Vila-Matas, -estupendo como todos los suyos-, contiene una emoción especial: la de un escritor que además, es un lector apasionado,en  espera  del apocalipsis; él sabe, como muchos lectores verdaderos,  que el libro-libro se mostrará, a la larga,  insustituible por su adaptación perfecta a la función para la que fue inventado....



CAFÉ PEREC

Melville y su chimenea



.Tras su muerte, dejó esposa, hijos, nietos, ninguna aventura fuera del matrimonio, ninguna carta de amor. A lo que con más intensidad dedicó Herman Melville su vida fue a viajar, huir, escribir, escribir y escribir, incluso durante el último periodo, conocido como la retirada de Melville (Melville’s withdrawal). Tiene mucha fama su relato Bartleby el escribiente, pero hay otro que nada tiene que envidiarle: Yo y mi chimenea (Barataria), buena traducción de Adrià Edo. En ese cuento tenemos a un viejo granjero, aficionado a fumar en pipa ante la descomunal y desproporcionada chimenea de su casa, y poco amigo de los cambios y de las modernidades. Su mujer, hijos y vecindario le acosan para que derribe la inmensa chimenea y remodele la casa con un sentido práctico y económico. Pero él no está por la labor: “A partir de esta habitual primacía de mi chimenea sobre mí, algunos incluso piensan que he entrado en un triste camino de retroceso; en resumen, que de tanto permanecer detrás de mí antigua chimenea, me he acostumbrado a situarme también por detrás de la actualidad, y que debo de andar atrasado en todo lo demás”.
Supuestamente anticuado, se opone a la destrucción de lo más esencial de su finca, porque para él sin ese gran fuego la casa perdería su espíritu. Al final del relato, le veremos montando guardia ante su vieja chimenea cubierta de musgo: “Porque eso es algo decidido entre yo y mi chimenea: que yo y ella nunca nos rendiremos”.

Nunca nos vamos a rendir. Con nuestras bibliotecas nunca podrán
Para cuantos se sienten desconcertados ante quienes día tras día se obstinan en repetir y repetir que no cuajan entre nosotros los e-books pero ya lo harán y nos cuentan que las ventas de libros electrónicos tarde o temprano generarán miles de millones de dólares al año, el fuego del hogar del cuento de Melville tiene una carga metafórica muy actual y, es más, abre un frente de guerra contra los que trabajan para el derribo de las viejas chimeneas del espíritu.
Así que Yo y mi biblioteca podría ser también buen título para este artículo. Y que nadie se extrañe ahora si digo que, a pesar de tanta promoción del rancio kindle, algo en el ambiente está pidiendo que nos decidamos de una vez por todas a apoyar a los viejos granjeros que fuman en pipa al calor de las historias que inventa el fuego: historias como Yo y mi chimenea, escrita por su autor en una atmósfera de desaliento parecida a la que actualmente sobrellevamos, sólo que en este caso el desánimo que padecía Melville hacia 1855 —comenzó a escribir su relato poco después de que le recomendaran acudir a un psiquiatra— desembocó en un repentino quiebro a la resignación y a la fatalidad y en un guiño al humor, presente hasta en el título. Hoy sabemos que le sobraban los motivos para el desaliento. Porque entre otras cosas ¿cómo comprender que historias como Bartleby, Billy Budd,Benito Cereno y, sobre todo, Moby Dick, pasaran inadvertidas cuando no rechazadas por el público y la crítica de la época?
En contrapartida, Yo y mi chimenea resurge ahora con fuerza, a modo de inesperado símbolo de la resistencia de los que deseamos seguir creyendo en un trastorno lampedusiano del mundo del libro. Porque a veces algunos aún confiamos en que todo esté cambiando para que a la larga las cosas vuelvan más o menos al punto de partida y un día ese potente invento de la humanidad que es el libro impreso sea valorado como merece y regrese al centro de la escena. Nunca nos vamos a rendir. Con nuestras bibliotecas nunca podrán. Por eso en ocasiones aún se nos ve situarnos “detrás de la actualidad” y, en medio de la sombría indiferencia del entorno, oponernos con una suave sonrisa a la revolución del libro electrónico, plantar cara a la “tremenda necesidad de mejoras”, ese eufemismo con el que el retrógrado granjero comenta la destrucción que acecha al centro de su mundo.

martes, 6 de marzo de 2012

Charles BUKOWSKI escribe...



A algunos Charles Bukowski les atrae por la sinceridad y el desparpajo con que trata el sexo, y él lo cultiva; y a veces lo dice como en su poema El pájaro azul , y sigue -hasta cierto punto- el papel que le adjudican sus adictos porque hay una "adicción Bukowski" -como se comprobará en el  texto siguiente. También dice que necesita escribir y ser leído, para no volverse loco pero   junto a la naturalidad y desfachatez  de que le hace gala Bukowski lo importante es que sea  un gran poeta, aunque por otros medios.

FINGIRSE POETA Y SERLO

12/4/1992 11.42 de la noche




   ¿Por dónde empezar? Bueno fue Nietzsche quien ,cuando le preguntaron por los poetas, respondió: "¿Los poetas? Los poetas mienten demasiado." 
Al leer poesía del pasado y de nuestros días, esta crítica parece jodidamente acertada. Por los visto hay tanta pose, tanto pavoneo...tanto fingirse poeta, ese mensajero escogido de los dioses. Creo que si los dioses escogieron a la mayoría de nuestros poetas, entonces, sin duda, escogieron mal. Naturalmente, el ritmo y los embustes abundan en todas las Artes, pero creo que a los poetas es a quienes mejor se les da mancillar su disciplina particular. 
Y reconozco que es mucho más sencillo criticar la poesía que escribirla. Cuando era muy joven  disfrutaba leyendo los artículos críticos del Sewanee Review y el Kenyon Review sobre poesía. Esos críticos eran tan encantadores, tan snobs, tan resguardados, tan endogámicos, que -en ocasiones-  se mostraban crueles con otros críticos hasta el punto de resultar graciosos. Se hacían pedazos limpiamente con el lenguaje más exquisito, y yo lo admiraba, porque mi propio lenguaje era más bien brusco y directo, cosa que prefería, aunque su estilo me maravillaba profundamente. Ah!, que manera tan caballerosa de llamarse gilipollas e idiotas. 
Aun así, al margen de eso, tenía cierta idea de lo que iba mal con la poesía y lo que cabía hacer al respecto. Pero fíjate, cuando acudía a la poesía en las páginas de esas publicaciones, era muy mala poesía: pretenciosa, pálida, poco convincente, fangosa, aburrida...Era un insulto a esas páginas. La lucha había desaparecido, el riesgo había desaparecido. Era leche agria. Era la miseria de andarse con sumo cuidado. Y cuando los propios críticos probaban suerte con el poema, dejaban en alguna otra parte lo que les quedaba de alma. La poesía es el campo de pruebas definitivo y entre quienes lo han intentado en nuestra época o en siglos muy pocos han superado la prueba. 
La poesía proviene de donde has vivido y como has vivido y de lo que te hace crearla. La mayoría de la gente ya ha entrado en el proceso de la muerte para los 5 años, y con cada año que pasa queda menos de ellos en el sentido de que ser original empieza por la oportunidad de abrirse paso y alejarse de lo que resulta evidente y lo que mutila. Por lo general quienes lo consiguen han tenido experiencias vitales y siguen teniendo experiencia vitales que los hacen diferentes, los aíslan de tal manera que se convierten en maravillosos bichos raros, visionarios con sus propias visiones. Tal vez entre en juego cierta suerte pero no exactamente, porque a diario se nos ofrecen opciones, y si uno escoge mal con demasiada frecuencia, en contra de la vida, no tardará en estar muerto mucho antes de su funeral. 
A quienes mejor se les da la poesía es a aquellos que tiene que escribirla y seguirán escribiéndola sea cual sea su resultado. Pues si no la escriben, ocurrirá alguna cosa: asesinato, suicidio, locura, Dios sabe qué.  El acto de escribir la Palabra es el acto del milagro, la salvación, la suerte, la música, el seguir adelante. Despeja el espacio, define la bazofia, te salva el cuello y de paso le salva el cuello a algún otro. Si de alguna manera se deriva de todo ello la fama, no hay que hacerle ningún caso, hay que seguir escribiendo como si el siguiente verso fuera el primero. 
Asimismo, hay otros escritores, aunque muy pocos. Pero en mi caso hay tal vez 6 o7 que me hicieron seguir adelante cuando todo lo demás me decía que parase.
Y aunque debemos hacer caso o miso de los elogios, hay ocasiones en las que nos podemos permitir sentirnos bien un poquito. Recibí una carta de un preso en una cárcel australiana que me escribió ."Tus libros son los únicos libros que pasan de celda en celda".
Pero ya he hablado suficiente aquí sobre escribir poesía; todavía queda tiempo esta noche para escribirla. Unas cuantas cervezas, un puro, música clásica en la radio. Nos vemos.

Charles Bukowski




"La dificultad de traducir a Bukowski estriba- como la de su correcta lectura- no tanto en su complicación -que la tiene- como en su desconcertante sencillez, que exige ser bien interpretada. De lo contrario se pierde ese mosaico de distintos niveles que presenta su lengua y esa variedad de tonalidades con que él ha hecho literatura de su modo de hablar.// Bukowski no es el "poeta fácil"que algunos han querido ver sino el gran poeta que con muy pocos y no prestigiados materiales, ha sabido construir un corpus ideológico  musical  y poéticamente coherente".[...]  ABC cultural, 10 marzo 2012. Jaime SILES



Enlaces relacionados:
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lunes, 30 de enero de 2012

La Musa pinta/ Marie Laurencin y Apollinaire en el taller de Picasso



En el Bateau Lavoir , -el lugar de Montmartre donde Picasso tenía el taller y era vecino de Juan Gris y  Max Jacob, se reunían   pintores y poetas, Apollinaie entre ellos. Desde allí solían acudir a la Rue Fleuris, a casa de Gertrude Stein. También formaban parte del grupo Fernande Olivier , la amante de Picasso en aquella época y Marie Laurencin, amante de Apollinaire.Marie Laurencin había conocido a Apollinaire en 1907, y ese año comenzaron una historia de amor apasionada y tormentosa que duraría hasta 1912. 



Fue Apollinaire quien  introdujo a Marie en los medios cubistas y fomentó su primer estilo,menos etéreo, más sólido y constructivo del que seguiría después. A Gertrude Stein  vendería  su primer cuadro, un retrato de amigos," con perro y flores" en 1909. 

Marie Laurencin, Retrato de Apollinaire con Picasso, Fernande Olivier ,Marie Laurencin y perro. 
Apollinaire ocupa el centro de la pintura ( entronizado,casi como un pantocrator románico) leyendo sus poemas al grupo  como solía hacer. Esta rodeado a la izquierda por Fernande Olivier y Picassso -tan reconocible como en sus propios autorretratos-. Marie se autorretrata en la parte inferior derecha y completa la composición  un ramo de flores y un perrito blanco que parece posar.

En el próximo retrato de grupo estaría incluida Gertrude Stein, en  un estilo que se va alejando del cubismo buscando formas menos definidas, aunque Picasso sigue siendo reconocible en su intensa mirada.
Es el cartón preparatorio para el otro retrato de grupo  de Apollinaire con sus amigos:
Marie Laurencin,Retrato de Apollinaire con sus amigos.
El centro del grupo le ocupa otra vez Apollinaire, -lo que evidencia su importancia y no sólo para María; Apollinaire era un "activista" artístico en ebullición, lleno de ideas y creatividad, un genio que desapareció prematuramente-  pero cuya influencia estética  se prolongó más allá de su muerte.En la pintura  de izquierda a derecha aparecen, Gertrude Stein, Fernande Olivier, la Musa de Picasso coronada de frutos; junto a Apollinaire, Picasso y  dos amigos poetas ¿Max Jacob uno ?. Marie Laurencin se autorretrata tocando el piano.Al fondo un puente sugiere  al Sena y la ciudad.





Henry Rousseau, La musa inspirando al poeta, 1909, ól/lz, 146 x 97. Kunsmuseum,Basilea . La musa es  Marie Laurencin y el poeta Guillaume Apollinaire --mentor y amigo de Rousseau--La pintura estuvo expuesta en el Salón de los Independientes de 1909






Si la Musa, Marie Laurencin, pintaba, el pintor Henri Rousseau...tocaba el violín y ello dio lugar a una fiesta poco común en el Bateau Lavoir o en el  Montmartre  de la época.Se decidió dar un "banquete a Rousseau" en el que el pintor tocaría el violín. Fernande Olivier  patrocinó la idea invitando al Rousseau-violinista a una cena  en el estudio de Picasso. Lo cuenta Diana Souhami en Gertrude y Alice:

"Invitaré a los Stein y a Braque y a Apollinaire y a Marie Laurencin", dijo. Pronto corrió el rumor y era mucha la gente que quería asistir, por lo que la cena se convirtió en una comida tardía estilo picnic. Alice se compró un sombrero nuevo para la ocasión: enorme de terciopelo negro y con flores amarillas. Fernande encargó la comida en la tienda de Félix Potin, y preparó una enorme cantidad de riz à la Valencienne para acompañar. La idea consistía en que los invitados se reunieran a tomar un aperitivo en un café de Montmartre, cerca de la Rue de Ravignan, para luego ir a la cena.
Cuando Gertrude, Leo, Alice y Harriet llegaron al café, Marie Laurencin estaba borracha. "Se caía en brazos y de los brazos de Guillaume Apollinaire, que volvía a acomodarla en su silla sólo para volver a encontrarla en sus brazos", dijo Alice. Apollinaire la abofeteó, dejándole una marca roja en la cara. En ese momento entró Fernande en el café, acongojada, e informó que Potin no le había enviado la comida. (Llegó al día siguiente al mediodía.) Alice intentó ayudar, pero le costó encontrar un teléfono, y cuando lo encontró descubrió que la tienda estaba cerrada. Entonces ella y Fernande salieron a comprar lo que pudieran.  Entretanto, los invitados se trasladaron del café al estudio donde siguieron bebiendo, la mayoría hasta emborracharse.[...] 
Marie Laurencin cantó antiguas canciones francesas, cayó encima de las tartas de mermelada e insistió en besar a todo el mundo [...] Apollinaire se subió a una mesa y recitó un poema laudatorio dedicado a Rousseau. Este se quedó dormido, un farolillo de cera goteaba sobre su cabeza y después se prendió fuego; despertó y empezó a tocar en el violín una música aburrida, incesantemente. Cuando estalló una pelea, Leo protegió a Rousseau y su violín, mientras Braque protegía las esculturas."...

Esto sucedía en el París del Cubismo ( Picasso y Braque) y del Futurismo del italiano Marinetti, en cuyo Manifiesto , publicado en Le Figaró en 1909, colaboró Apollinaire.

En 1911 desapareció La Gioconda del Louvre y Apollinaire fue acusado y encarcelado como culpable en una acción entre dramática y bufa pero muy dolorosa para artista como testimonia su poema A la Santé... . Una serie de circunstancias le habían hecho sospechoso de practicar el "terrorismo artístico"propuesto por Marinetti. En nombre del arte moderno había que  destruir las obras de arte y los museos que representaban la historia, el pasado, y mirar hacia el futuro  representados por  la velocidad y la máquina.

Mientras, las potencias europeas practicaban el colonialismo y el armamentismo que llevarían a la Primera Guerra Mundial  (1914-18). En 1914  James Joyce comenzaba a escribir  el Ulysses en Trieste, a Zurich no llegaría hasta 1915 y  en la guerra  una esquirla de  obús heriría a Apollinaire, que aunque no moriría entonces sino de gripe en 1918  dejó testimonio  del horror vivido:
....
Lego al porvenir la historia de Guillaume Apollinaire
Que fue a la guerra y supo estar en todas partes
En las felices ciudades de la retaguardia
En todo el resto del universo
En los que mueren pataleando entre las alambradas
En las mujeres en los cañones en los caballos
En el cenit en el nadir en los cuatro puntos cardinales
...
 En medio de la desolación bélica aparecerá el movimiento Dadá, en Zurich...la ciudad en que Lenin juega a la ajedrez y sueña, sin saberlo aún, con su llegada a  la Estación de Finlandia...El nihilismo de Dadá encierra  la negación de la cultura y el arte occidental que no habían podido impedir la carnicería de la Gran Guerra...




Links relacionados:
Apollinaire, Ramón Gómez de la Serna y Rousseau 
 A pollinaire-y-la-guerra-14-18

jueves, 8 de diciembre de 2011

RAFAEL CADENAS / Antología del azar... con imagen y voz








Posiblemente  la poesía suceda en los resquicios entre el lenguaje y la mirada, en los márgenes entre pensamiento y sentimiento, pero puede actuar como un vendaval que arrastra al lector y  le lleva  a su centro. Eso sucede con los versos de Rafael Cadenas, Barquisimeto, Venezuela, 1930.
Giacometti




Obra entera, Poesía y Prosa (1958-1995), Editorial Pre-Textos 2007, una edición  cuidada  para lograr un libro de sencilla elegancia. El prólogo del poeta colombiano Darío Jaramillo  sabe transmitir la cualidad única de la lírica de Cadenas:
"Y están además, los poemas en prosa, prosas que son poemas y que enfrentan, como en toda su obra entera, la luz quemante y enceguecedora de las revelaciones, la tiniebla estremecedora, de quien mira hacia adentro."

"Aquí, en un punto y aparte, se me ocurre una explicación de este singular don. Conjeturo que la tierra estaba abonada. No en vano Venezuela es la tierra de José Antonio Ramos Sucre, que en su breve vida dejó una consistente y misteriosa obra poética escrita en prosa."
Los versos de Cadenas emiten esa luz quemante y enceguecedora. Como sus textos en prosa,  y sobrecogen porque ,como añade el prólogo, Cadenas -que es considerado en Venezuela un clásico vivo y admirado por sus colegas- mantiene en ellos el carácter sagrado y el misterio esencial del mundo.

No parece exagerado situarle entre los grandes poetas en español de todas las épocas, cerca de su admirado San Juan de la Cruz y de los clásicos del Siglo de Oro; ni obviar su conocimiento de Hölderlin, Rilke...Whitman o la influencian asumida y revitalizada a su medida de la tradición lírica latinoamericana.

Jaramillo subraya una preocupación de Cadenas: el misterio que envuelve la existencia : "ahora que las religiones se han secado,"[...] el hombre cuando habla del misterio del universo no se siente incluido, como si no formara parte de él y no le perteneciera; pero el hombre también es misterio "de pies a cabeza,cada poro, cada célula, cada átomo, y el espacio cotidiano en que se mueve es el mismo de las estrellas."

Por eso es difícil hacer una mini-antología de Obra entera; elegir,seleccionar, cortar...en más de 700 páginas de versos y de prosa  y hay que conformarse con una antología aleatoria, hilvanada casi por el azar, donde cada verso merece estar por sí mismo pero también lo hubieran merecido los que han quedado fuera.

NUNCA he sabido de palabras
tanto como quise.

Relegadas en un tiempo,
no me buscan.

Yo también tengo, Auden,
the best dictionaries that money can buy.

Piezas que se alinean
con ahogo.

Nuestra vida es ardua,
queda atrás,
hierve.

No quiero estilo,
sino honradez.
Me sostiene
este vivir en vilo
sin ninguna señal
ni mapa
ni promesa,
en una antesala donde todos trajinan
como empleados
para olvidar.


Si el poema no nace, pero es real tu vida,

eres su encarnación.
Habitas
en su sombra inconquistable.
Te acompaña
diamante incumplido.



.(De Intemperie,1977)

[Ars poética]

Que cada palabra lleve lo que dice.

Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni

añadir brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame

la impostura, restrégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.


Légamos jamás recuperados.
De repente, un roce. El universo de la piel. El hilo extraviado en
el viaje.
Estoy bañado por lo que vive, por lo que muere.
Cada día es el primer día, cada noche la primera noche, y yo, yo
también soy el primer habitante.


LA PALABRA no es el sitio del resplandor, pero insistimos, insistimos,

nadie sabe por qué.


FLORECEMOS
en un abismo.

Mandelstam

Vivo

¿a quién debo este honor?

Mi alma vacila. Dante me acompaña

a través de la noche soviética.

Yo vago entre las ruinas

de la Hélade.

No puedo huir.

Esconde
los poemas, Nadezda. Apúrate.

¿Cómo pudiste, César,

destruir
nuestra vivacidad?

He abandonado toda esperanza

a la entrada del campo.

El único que habla ruso

no podía olvidar.
Un dios perdona
un semidiós no.

Los gritos

se pierden en la vastedad de mi país.

ME ARRANCAS
de mí
para mostrarme
la presencia,
el inmóvil ahora
que jamás
se detiene. De pronto
temo estar extraviado.
Quiero preguntar,
pero la tierra
está vacía
como nosotros
los que ya no esperamos,
los que abrevamos en la nada,
los que no tenemos discursos,
los que adquirimos una terrible presencia,
los que tuvimos que construir nuestra casa
sobre los arrasamientos del siglo veinte.

(esculturas y dibujos de Alberto Giacometti, Suiza 1901-1966)




La búsqueda

Nunca encontramos el Grial.
Los relatos no eran verídicos.
Sólo la fatiga de los caminos acompañó
a los que se aventuraron,
pero se esperaban historias,
¿qué sería nuestro vivir sin ellas?

Nada se resolvió,
hubiéramos podido quedarnos en casa.
Es que somos tan inquietos.
Sin embargo, concluido el viaje
sentimos que en nosotros
-ya no rehenes
de la esperanza-
había nacido
otro temple.
Rafael CADENAS,Sobre abierto.Pre-Textos


Rafael Cadenas,Obra entera, poesía y prosa, Pre-Textos, Madrid 2007



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Giacometti:El palacio a las cuatro de la mañana



El Tao lo que hizo fue jugar
con Basho, la rana y el agua
para facilitarle al poeta el gran hallazgo.

                            *

¡Qué hacía entonces Basho?
Estaba con unos discípulos, pero lo calla
para no ser tenido por maestro
                          
                           *
ESTAS líneas que trazas
te mantienen
como un vigilante nocturno.
                          *
Es arduo desocupar la mente,
Basho lo había logrado y el ruido
del agua volvió a llenársela.





FLOR DEL SENDERO

DE pronto mientras caminamos

hablando, irrumpe
y nos rescata.


DÍAS del falaz relato

gritado por bocas enseñoreadas
tan vacías que solo el poder las llena.



LA DEUDA DE LAS PALABRAS


EL filólogo las espía

les averigua su vida
lugar de nacimiento,
fecha, linaje, eclipses,
regresos, qué desean,
cómo vinieron a dar aquí
donde se esconden para no ver,
a qué hora sufren o si aún cantan.
Hace tanto se amigó con ellas.
Les reprocha eso sí que se vuelvan
cortesanas, que se alquilen,
que se deshonren,

pero sobre todo que cuando los dictadores 
las usan, ellas no les quemen los labios.




Rafael Cadenas, En torno a Basho y otros asuntos, Pre-Textos





documento : Homenaje a Rafael Cadenas en la Casa de América de Madrid,9 junio, 2010. Le acompañan el poeta y prologuista de Obra entera, Darío Jaramillo; el editor de la misma en España., Manuel Borrás y Dulce María Zúñiga.






martes, 20 de septiembre de 2011

JAMES JOYCE retratado por BRANCUSI


                                           Brancusi, 1923, Oiseau dans l'espace ,bronce.

"Fue durante el verano de 1920, en el primer año de la existencia de mi librería, cuando conocí a James Joyce.[...]Yo sentía una gran adoración por James Joyce y al escuchar la inesperada noticia de que estaba allí, me sentí tan asustada que hubiera querido salir corriendo. Spire me dijo que los Joyce habían venido con los Pound -vi a Ezra a través de la puerta entreabierta-. Como conocía a Pound , me animé a entrar."--Sylvia Beach, Shakesperare & Cº
                                   
                                                 
Brancusi, Musa dormida,mármol, 1910

En 1929 Brancusi realizó ocho retratos de Joyce, alguno incluso de perfil, utilizando dos estilos:uno figurativo, aunque estilizado- y otro totalmente abstracto ,como si en una espiral, celta, que fluye sin cesar y  algunos vectores cargados de energía el escultor rumano hubiera encontrado cómo plasmar la esencia creativa del escritor irlandés.

De las historias que rodearon  los retratos hablan, entre otros, Richard Ellmann en su monumental biografía del escritor , Sylvia Beach en las memorias como librera  de la Shakespeare & Cº de París y editora de Ulysses y  Margit Rowell, comisaria de la retrospectiva que el Centro Pompidou dedicó a Brancusi en 1995, en el  catálogo de la exposición.
                           

Todo comenzó cuando los Crosby,-un matrimonio de millonarios americanos creadores en 1927 de la editorial,Black Sun Press, -que buscaba hacer compatible la mejor literatura con la edición de lujo- quisieron  publicar algún texto de Joyce. Hablaron con Sylvia Beach quien debería plantear a Joyce la posibilidad de publicar una parte del Work in Progress en que trabajaba entonces. 

Joyce aceptó y los Crosby quisieron personalizar la edición con un retrato de Joyce hecho por otro gran artista,  Picasso. Pero Joyce no deseaba que fuera Picasso tan ligado a Gertrude Stein y su círculo y Picasso, a su vez, adujo que no hacía retratos de encargo. Entonces se le propuso a Brancusi.

Joyce y Gertrude Stein se conocían pero no se frecuentaban; posiblemente lo impedía el inmenso ego de Gertrude Stein -que Picasso, su amigo, logró encerrar en el retrato descomunal, en todos los sentidos, que le hizo en 1907. Gertrude , la niña prodigio,con una sensibilidad evidente para el lenguaje se sentía amenazada por la grandeza de Joyce; ella necesitaba ocupar el escenario, todo el escenario y todo el tiempo. Tenía un concepto desmesurado de  sí misma y su trascendencia literaria lo que no impide  que  el escritor y crítico Edmund Wilson escribiera  de ella en 1931:
"Uno no debería hablar de "sinsentidos" hasta haber decidido en qué consiste el sentido...Casi todos nos resistimos a sus soporíferos galimatías, sus conjuros reiterativos, sus sonoros y a medias ingeniosos catálogos de números. [...] Y cada vez que cogemos sus escritos, por ininteligibles que los encontremos, nos percatamos de que nos hallamos ante una personalidad literaria de inconfundible originalidad y distinción."
Joyce en cambio no tenía pretensiones personales, y  no solía actuar como si se considerase un genio, ni presumir de ello; ante Carl Jung se definió sincera y sencillamente como:
"Un hombre de escasa virtud, inclinado a las extravagancias y al alcoholismo"
Cuando en 1922 se publicó Ulysses, Gertrude se sintió  ofendida con su librera de París por ser la editora del libro y  enrabietada dejó de ser cliente de la Shakespeare & Cº; aunque con el tiempo regresaría a la librería.

Mientras Joyce posaba para Brancusi, el escritor y el escultor se hicieron amigos.Se   comprendían, tenían opiniones semejantes sobre variados asuntos: ambos estaban contra la mecanización del mundo y deploraban la velocidad que habían adquirido los ferrocarriles; e incluso coincidían en no gustarles nada la moda femenina de aquellos años.

Además los dos tenían  problemas con Estados Unidos: Joyce porque el Ulises estaba prohibido por inmoral, (la prohibición se mantendría hasta 1933) y Brancusi, entre 1926-28, mantuvo un enconado pleito con el Servicio de Aduanas norteamericano que se negaba a admitir que su escultura Pájaro en el espacio, fuera una obra de arte , y estuviera por tanto libre de tasas, y no un simple trozo de metal que debía pagarlas. Las diatribas contra los USA eran su pasatiempo favorito, pero  al final ambos artistas ganaron a la nación más  poderosa  del mundo.

Constantin BRANCUSI, 1929, retrato de Joyce

Constantin BRANCUSI, 1929, Retrato de Joyce.El uso de pincel y tinta china - técnica antes no utilizada por Brancusi- refuerza el carácter sutil y expresivo de las  líneas.

Ante los primeros retratos,  despojados pero figurativos que a Joyce y a Sylvia Beach les gustaron, los editores opinaron que aunque se parecían a Joyce no parecían de Brancusi y entonces Brancusi hizo  ese retrato-símbolo, que es pura abstracción geométrica y poética,y que  puede parecer "un brancusi" -aunque en nada "un joyce". Pero ya "se sabía" que era él- y fue del agrado de los Crosby. Cuando John Joyce, el padre de Joyce vio este retrato en Dublín comentó muy serio "parece que el chico ha cambiado mucho", cuenta Ellmann.

El libro publicado por los Crosby en Black Sun Press, retrato de Joyce incluido , se llamó Tales Told of Shem and Saun (Cuentos contados de Shem y Shaun) y formaba parte de Finnegans Wake ,la cascada de lenguaje sin fin que permitió a Joyce decir en una broma-fanfarrona, que puede que sólo sea una profecía :" es el libro que mantendrá ocupados a los críticos durante 300 años".


Brancusi (Rumanía, 1876- París,1957) el escultor que revolucionó la escultura con la pureza y esencialidad de las formas  estaba en París desde 1904. Había salido de Rumanía en mayo de ese año, haciendo la mayor parte del viaje a pie, y pasando por Budapest, Viena, Munich..., llegó a París en julio; fue el año en que Picasso se instaló definitivamente en la ciudad.

Margit Rowell compara su obra misteriosa e inclasificable con la de sus amigos Joyce y Pound y dice que los tres encontraron un modo nuevo de expresión que unía tradición y modernidad fundiéndolas hasta hacer desaparecer las contradicciones y en otro momento compara la modernidad radical de Brancusi con la de Satie y Schönberg en música, y con la de Mallarmé y Joyce en literatura.

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El taller de Brancusi[ reconstruido con sus materiales genuinos y sobre el modelo original en el Centro Pompidou].París

Finnegans Wake, balada satírica irlandesa de mediados del siglo XIX