" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

domingo, 20 de febrero de 2011

La Guerra de Troya/ De Homero a Eurípides...

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"Homero no pone en duda los motivos que llevaron a los griegos a asediar la ciudad de Troya. Pero cuando Eurípides, a varios siglos de distancia, echa una mirada sobre esa misma guerra, ya está lejos de admirar a Helena y pone en evidencia la desproporción entre el valor de esa mujer y los miles de vidas sacrificadas en su nombre. En Orestes, le hace decir a Apolo:" Los dioses dispusieron que Helena fuera tan bella sólo para crear un conflicto entre griegos y troyanos y, con esa carnicería, aliviar la tierra del exceso de mortales que la entorpecían".

De repente, todo queda claro: el sentido de la guerra más célebre no tenía nada que ver con una causa cualquiera; su única meta era la matanza. Pero, en tal caso, ¿podemos hablar todavía de lo trágico? Pregunten a la gente cuál fue el verdadero motivio de la Guerra del 14. Nadie sabrá responder, aunque tan gigantesca carnicería está en el origen de todo el siglo que acaba de terminar y de todo su mal. (...) el desertor [ Kundera se refiere a la visión de Hasek en la novela, El Soldado Schwijk] es aquel que se niega a conceder un sentido a las luchas de sus contemporáneos. que se niega a encontrar grandeza trágica en las masacres. Aquel a quien le repugna participar como un bufón en la comedia de la Historia. Su visión de las cosas es muchas veces lúcida, muy lúcida, pero hace que su posición sea difícil de sostener; lo desolidariza de los suyos; lo aleja de la humanidad"...


Milan KUNDERA El telón/tusQuets

domingo, 6 de febrero de 2011

W.H.AUDEN lee "El escudo de Aquiles"

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Hefestos, a petición  de Tetis fabrica nuevas armas para su hijo Aquiles que sustituyan  las que han quedado en las manos  troyanas de Héctor, tras la muerte de Patroclo.El dios herrero trabaja en el fuego "duro bronce, estaño, oro precioso y plata",y Homero describe  con detalle el escudo: circular, concebido como un microcosmos, bordeado por el río Oceáno, con dos ciudades en una de las cuales hay  escaramuzas, tal vez Troya, pero en la otra  predomina  la vida idílica.
" Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas tenía el escudo y en la superior grabó el dios muchas artísticas figuras con sabia inteligencia. 
Allí puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; allí las estrellas que el cielo coronan, las Pléyades, las Híades, el robusto Orión y la Osa llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira a Orión y es la única que deja de bañarse en el Océano.
Allí representó también dos ciudades de hombres dotados de palabra. En la una se celebraban bodas y festines: las novias salían de sus habitaciones y eran acompañadas por la ciudad a la luz de antorchas encendidas; oíanse repetidos cantos de himeneo; jóvenes danzantes formaban ruedas, dentro de las cuales sonaban flautas y cítaras [...]
En la orla del sólido escudo representó la poderosa corriente del río Océano."                Ilíada, Canto XVIII

Escudo de Aquiles. fabricado en el siglo XIX inspirado en el Canto XVIII de la Ilíada.

Auden en el poema va superponiendo la mirada trágica de Tetis, que sabe que su hijo no tardará en morir en la guerra, al trabajo fabuloso de Hefestos; la madre de Aquiles transforma el mito en la desolación del mundo devastado por las guerras,desde la legendaria de Troya hasta las del siglo XX, en las que no hay lugar para "ciudades de mármol bien gobernadas", ni "novillas con guirnaldas blancas",ni "hombres y mujeres danzando". Sólo "una soledad artificial" y "un cielo como el plomo", "nada que comer" y "ningún lugar para sentarse".







EL ESCUDO DE AQUILES

Ella miró sobre el hombro de él
En busca de viñas y olivos,
Ciudades de mármol bien gobernadas
Y barcos sobre mares sin dominar,
Pero allí sobre el resplandeciente metal
Sus manos había puesto en su lugar
Una soledad artificial
Y un cielo como el plomo.

Una planicie sin una característica, desnuda y marrón,
Ni una hoja de hierba, ni una señal de vecindario,
Nada que comer y ningún lugar para sentarse,
Y aun así, congregada en su vaciedad, había
Una ininteligible multitud,
Un millón de ojos, un millón de botas alineadas,
Sin expresión, esperando una señal.

Del aire una voz sin rostro
Probó por medio de la estadística que alguna causa era justa
En tonos secos y planos como el paisaje:
Nadie fue vitoreado y nada fue discutido;
Columna tras columna en medio de una nube de polvo
Marcharon soportando una creencia
Cuya lógica les llevaba, en algún otro lugar, a la aflicción.

Ella miró sobre su hombro
Buscando piedades rituales,
Novillas con guirnaldas blancas,
Libaciones y sacrificios,
Pero allí en el metal brillante,
Donde el altar debiera hallarse,
Vio a la tenue luz de la forja
Una escena muy diferente.

Un terreno arbitrario con alambres de espino
Donde los oficiales holgaban aburridos (uno contaba un chiste)
Y los guardas sudaban pues hacía calor:
Un grupo de personas normales y decentes
Miraba desde fuera sin moverse ni hablar
Mientras tres sombras pálidas eran encadenadas
A tres postes clavados de pie sobre la tierra.

La masa y majestad de nuestro mundo, todo
Lo que comporta un peso y no cambia al pesarse
Se hallaba en manos de otros; dado que no eran grandes
No cabía esperar ayuda y no la hubo:
Lo que sus enemigos pretendían hacerles se hizo, y los peores
Buscaron desonrarles; si perdieron su orgullo,
Sus cuerpos perecieron después que ellos lo hicieran.

Ella miró sobre su hombro
Buscando atletas en sus juegos,
Hombres y mujeres danzando,
Desplegando sus dulces miembros
Al ritmo alerta de la música
Pero allí en el metal brillante
No había un patio para el baile,
Tan sólo un campo de hierbajos.

Un golfillo harapiento caminaba sin rumbo
Por aquella orfandad deshabitada; un pájaro
Alzó el vuelo, esquivando el vuelo de su piedra:
que hubiera violaciones, que dos niños rajaran a un tercero
Eran axiomas para él, que nunca oyera hablar
De un mundo donde las promesas se mantenían,
O en el que uno lloraba porque alguien lloraba.

El forjador de labios finos,
Hefesto, se fue renqueando,
Y Tetis, la de los bellos bucles,
Lanzó un grito de desconsuelo
Al ver lo que el dios concibiera
Para honrar a su hijo, el fuerte
Aquiles Corazón de Hierro
Que larga vida no tendría.
1952

The Shield of Achiles
She looked over his shoulder/For vines and olive trees,/Marble well-governed cities/ And ships upon untamed seas,/But there on the shining metal/His hands had put instead/ An artificial wilderness/And a sky like lead.

A plain without a feature, bare and brown,/No blade of grass, no sing of neighborhood,/Nothing to eat and nowhere to sit down,/Yet, congregated on its blankness, stood/ An unintelligible multitude,/A million eyes, a million boots in line,/Without expression, waiting for a sing.

Out of the air a voice without a face/ Proved by statistics that some cause was just/In rtones as dry and level as the place:/No one was cheered and nothing was discussed;/ Column by column in a cloud of dust/ They marched away enduring a belief/ Whose logic brought them,somewhere else, to grief.

She looked over his shoulder/ For ritual pieties,/White flower-garlanded heifers,/Libation and sacrifice,/But there on the shining metal/ Where the altar should heve been,/She saw by his flickering forge-light/Quite another scene.

Barbed wire enclosed an arbitrary spot/ Where bored officials lounged (one cracked a joke)/ And sentries sweated for the day was hot:/A crowd of ordinary decent folk/ Watched from without and neither moved nor spoke/ As three pale figures were led forth and bound/ To three post driven upright in the ground.

The mass and majesty of this world, all/ That carries weight and always weight the same/ Lay in the hands of others;they were small/And could not hope for help and help came:/What their foe liked to do was done, their same/Was all the worst could wish; they lost their pride/ And died as men before their bodies died.

She looked over his shoulder/ For athletes at their games,/Men and women in a dance/ Moving their sweet limbs/ Quick, quick, to music,/But there on the shining shield/ His hands had set no dancing floor/But a weed-choked field.

A ragged urchin, aimless and alone,/Loitered about that vacancy; a bird/ Flew up to safety from his well-aimed stone:/ That girls  are raped, that two  boys knife a third,/Were axioms to him, who'd never heard/ Of any world where promises were kept,/ Or one could weep because another wept./

The thin-lipped armorer,/Hephaestos, hobbled away,/Thetis of the shining breasts/ Cried out in dismay/ At what the god had wrought/ To please her son, the strong/ Iron-hearted man-slaying Achilles/ Who would not live long.
1952






enlace relacionado:
w.h.auden-funeral-blues.



W.H.Auden.:, Los señores del Límite, Galaxia Gutenberg
Homero.:ILÍADA,(versión Luis Segalá y Estalella)