" Una civilización literaria no se construye a base de lecturas, sino de relecturas; quizá hasta una civilización a secas.[...]Releer es esa alianza discorde, reencontrar, reconocer y descubrir a la vez; encontrar lo que la lectura anterior o incluso alguna otra lectura no nos había revelado. El libro releído nos ofrece algo que ninguna lectura, por precisa que sea, podía darnos"./Giorgio Manganelli, 1990

jueves, 6 de mayo de 2010

JOSÉ WATANABE/ Última Cena y Oración en Getsemaní


El volúmen "Poesía Completa" de José Watanabe, -editado por Pre-Textos-, está prologado por el colombiano Darío Jaramillo, que desvela  los rasgos  de una poesía tan personal como sutil. Sitúa a Watanabe en su contexto vital, señalando la relación con el padre, un emigrante japonés que llegó a Perú en 1916, o que a José Watanabe le apasionara la pintura, estudió arte y practicara las artes plásticas y escénicas.




Cada  palabra en  los versos de Watanabe, tiene, como pide Rafael Cadenas, el peso necesario  que la hace expresiva y única y  la densidad que requiere una poesía que  hace compatibles gravedad y  ligereza.

Sorprenden las imágenes y la precisión expresiva que Jaramillo justifica porque "el ojo de este hombre sabía hablar" o porque, añade, "los ojos de este poeta ven cosas que la cámara no capta", o porque pueda referirse a su visión como a "una rendija que rasga las apariencias":



Esa capacidad de atravesar las apariencias le permite percibir y transmitir nuevas sensaciones y convertirlas en versos que detienen por su precisión, sequedad y música inusual. Jaramillo, también poeta, remarca la capacidad de Watanabe para tratar con la misma sutileza lo refinado o lo kisch. Sus poemas  están sustentados por un ritmo sosegado y a menudo en ellos subyace un humor, melancólico y burlón... que  sorprende y conmociona.

En "Última Cena" sacude su extraña belleza de  lirismo áspero y desolado
Giotto.La última Cena,1303, fresco 200 x 185 . Capilla Scrovegni, Padua.
Andrea del Castagno, Última Cena, h 1445-50. fresco, Santa Apolonia, Florencia.
Leonardo, Última Cena, mural, h1495, Santa Maria delle Grazie, Milán. Tintoretto, La Última Cena, 1592-4, 365 x 570 cm. San Giorgio Maggiore, Venecia.(ampliar imágenes)

Se desearía saber el origen del poema,  qué imagen de "Última Cena" tenía Watanabe y si había rasgado alguna de las pinturas clásicas de la historia del Arte para por la rendija abierta presenciar los preparativos de la mesa y la llegada de los comensales; 

pudo tener presente la austera monumentalidad  de la Cena de Giotto,o la fría simetría de la  de Castagno, aunque la exagerada geometría de la mesa y el mantel excluyan las manos de una mujer solícita;

la fastuosidad  de Tintoretto, mezclando, doblemente, lo sobrenatural, parece excesiva...; y el misterio de Leonardo...; si el detonante no fue alguna cálida pintura de arte popular cercana y expresiva.

Pero el origen  pudo estar en la palabra  de los relatos de Mateo ( 26), Marcos (14), Lucas (22) y Juan (13). Mateo hace referencia a los momentos previos a la cena, a que hubiera preparativos; en una frase-rendija por la que pudo colarse el poeta y contemplar la visión: "Al atardecer se puso la mesa con los Doce." (Mt 26 20)


LA ÚLTIMA CENA

YO dispuse sobre la larga mesa los alimentos
de la Pascua.
Soy vieja y sé quién está coronado por la muerte. Era Él.

No me atreví a consolarlo
porque mirando por la puerta la triste noche de Jerusalem
empezó a destazar para sus discípulos
el gran pan
como si fuera un animal de trigo.

Abandoné discretamente el comedor cuando Él decía:
cada pedazo de pan que reciben soy yo.

Uno de los doce preguntó:
¿estás empezando una parábola, Maestro?

Afuera pensé:¡qué poco avisados sus discípulos
que no ven que el hombre está coronado por la muerte
y que pan o carne es lo mismo!

Cuando se marcharon
mi vecina me acusó de exagerada e imaginera:
Él siempre habla con símbolos, me dijo;
pero en el comedor vacío, entre las migajas y el vino,
percibí el límpido olor de una herida.





ORACIÓN EN GETSEMANÍ


El Greco, Oración en el huerto, 1590-98, Toledo (Ohio)

Domenico Theotocopuli, conocido como  El Greco, nació en Candia -Creta- h.1541 y murió en Toledo  en 1614. Su primera formación en la isla griega estuvo dentro de la estética bizantina de iconos con tendencia a la bidimensionalidad y una religiosidad llena de misticismo. En 1567 estaba en Venecia, en el taller de Tiziano y esta estancia marca en lo más profundo su estilo  con la preferencia por el color frente al dibujo y la suntuosidad de la pincelada que harán para siempre de él un pintor veneciano, aunque a su manera; en Venecia aprende también los secretos de la representación en profundidad que terminará usando de forma indefinible.

Diez años después se instala en Toledo. Ha llegado a España atraído por las posibilidades de trabajo que ofrece El Escorial que está construyendo Felipe II , aunque el rey, clásico en sus gustos, no llegara a apreciar su pintura.Está en la mitad de su vida, tiene 36 años, la otra mitad la pasa en España. La España de la Contrareforma y de la mística, Toledo...confluyen en este pintor visionario que lleva las "extravagancias" del manierismo a sus confines, pero que cuando lo cree necesario puede pintar las apariencias con una verdad asombrosa (mitad inferior de El Entierro del conde de Orgaz, o algunos retratos, en los que también es maestro).

De La Oración en el Huerto tiene varias versiones. En ésta de Ohio, dominan los  espacios irracionales, fragmentados e impracticables, los volúmenes expresados como concavidades y colores y luces lívidos; Cristo está ante el Cáliz que le ofrece al Ángel; los discípulos duermen un sueño-crisálida,y a lo lejos los soldados se acercan a prenderle.No están los olivos, ni los pájaros, ni los insectos, no las ranas del también extraordinario poema de Watanabe, pero sí el desamparo total y la soledad de sus versos.





ORACIÓN EN GETSEMANÍ


LOS olivos nunca crecen con decidido afán
de cielo, irguiéndose rectos y sin dudas.

Los olivos se retuercen nudosos y ásperos
como gente atormentada.

Entre ellos viniste a recogerte como una grave montaña.

Ranas y pájaros te ven de rodillas y desolado
y luego vuelven a sus asuntos:
las ranas tras los insectos
y los pájaros a cantar su celo: esa es la soledad,
cuando todo está desacordado de uno.

¿Percibes, ahora, Señor, lo que el enfermo que despierta
de madrugada
y siente que la soledad le entristece cada órgano,
y la noche y su pesar
le parecen más vastos que Dios?

Entre los olivos. Tú eres el destinatario
de tus propias bienaventuranzas,
pobre de espíritu, hambriento, lloroso, sediento
de justicia y con el rumor de una persecución.

Tal vez nunca has estado más cerca del Padre.

Ya estás en el Padre.

La muerte que se acerca
será sólo una sangrienta anécdota.



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